Por Robert Kiyosaki

No hay dudas: el dinero es lo que hace girar al mundo.

Sin embargo, constantemente escuchamos historias sobre algún atleta multimillonario que diez años después de se encuentra sin hogar. O del tipo que ganó la lotería solo para luego encontrarse sin un centavo.

Porque no se trata de la cantidad de dinero que ganas, sino de con cuánto dinero te quedas.

Personalmente, me estremezco cada vez que escucho a la gente preguntarme sobre cómo enriquecerse más rápido o dónde deben comenzar para hacerlo. A menudo escucho la frase “necesito ganar más dinero».

Odio escuchar todo eso, porque a menudo “más dinero” no resolverá el problema.

De hecho, en algunos casos puede llegar a agravar el problema.

El dinero a menudo pone de relieve lo que no sabemos. Es por eso que, con demasiada frecuencia, una persona que repentinamente obtiene una gran cantidad de dinero (una herencia, un aumento de sueldo o que gana la lotería, por decir un par de ejemplos) pronto regresa al mismo desastre financiero, sino peor, que el desastre en el que estaba antes.

Porque lo que sucede en estos casos es que el dinero acentúa el patrón de flujo de efectivo que se ejecuta en su cabeza: si su patrón es gastar todo lo que recibe, lo más probable es que un aumento en ese ingreso solo resulte en un aumento en el gasto.

Por eso este dicho, muy común en Estados Unidos: “un tonto y su dinero es una gran fiesta”.

Y esto sucede porque asistimos a la escuela para adquirir habilidades académicas y profesionales, las cuales son importantes. Y aprendemos a ganar dinero con nuestras habilidades profesionales.

Cuando estaba en la escuela secundaria, si a alguien le iba bien académicamente, las personas asumían que este estudiante brillante sería un médico porque era la profesión con la promesa de mayor recompensa financiera.

En cambio, hoy en día los médicos enfrentan desafíos financieros que no desearía ni a mi peor enemigo: las compañías de seguros que toman el control del negocio, la atención médica administrada, la intervención del gobierno y demandas por mala praxis.

Hoy en día los niños no quieren ser médicos, sino que deportistas famosos, estrellas de cine o de rock, reinas de belleza o CEOs de compañías tecnológicas, porque ahí es donde están la fama, el dinero y el prestigio. Y es esa es la razón por la que es tan difícil motivar a los niños en la escuela hoy.

Saben que el éxito profesional ya no está únicamente vinculado al éxito académico, como lo era antes.

Y debido a que los estudiantes dejan la escuela sin habilidades financieras, millones de personas educadas ejercen su profesión con éxito pero luego se ve a sí mismas con problemas financieros. Trabajan duro pero no lo logran.

Porque lo que falta en su educación no es cómo ganar dinero, sino cómo administrar el dinero.

Esto se llama aptitud financiera: qué haces con el dinero una vez que lo consigues, cómo evitar que otros te lo quiten, cómo mantenerlo por más tiempo y cómo hacer que ese dinero trabaje para ti y no al revés.

La mayoría no entiende por qué luchan financieramente porque no entienden el concepto de “flujo de efect

ivo”.

Entonces, una persona puede estar muy educada y profesionalmente exitosa, pero ser financieramente analfabeta.

Estas personas a menudo trabajan más duro de lo necesario porque aprendieron cómo esforzarse, pero no cómo hacer que sea su dinero el que trabaje duro para ellos.

Toda la educación en el mundo puede conseguirte el dinero. Pero no necesariamente hará que éste se quede.

En mi caso, aprendí esto cuando estaba en medio de mi adolescencia: cuando Mike y yo teníamos 16 años, comenzamos a tener problemas en la escuela.

No éramos niños malos, simplemente comenzamos a separarnos del grupo.

Trabajamos para el padre de Mike (mi padre rico) después de la escuela y los fines de semana. Mike y yo a menudo pasábamos horas después del trabajo sentados en una mesa con su padre, mientras mantenía reuniones con sus banqueros, abogados, contadores, corredores, inversionistas, gerentes y empleados.

Se trataba de un hombre que había dejado la escuela a los 13 años y que ahora dirigía, instruía, ordenaba y hacía preguntas a personas educadas. Todas estaban a su entera disposición, y se encogían cuando él no lo aprobaba alguna de sus propuestas.

Se trataba de un hombre que no había seguido a la multitud.

Era un hombre que pensaba y detestaba expresiones como “tenemos que hacerlo de esta manera porque así lo hacen los demás”. También odiaba cuando alguien decía “no puedo”. Si querías que él hiciera algo, solo había que decirle “no creo que puedas hacerlo”.

Mike y yo aprendimos más al asistir a sus reuniones de lo que lo hicimos en todos nuestros años de escuela, incluida la universidad.

El padre de Mike no era inteligente con los libros, pero tenía una amplia educación financiera, y un notable éxito.

Nos dijo una y otra vez: “Una persona inteligente contrata a personas que son más inteligentes que él”.

Así que Mike y yo tuvimos el beneficio de pasar horas escuchando y aprendiendo de personas inteligentes.

Pero debido a esto, Mike y yo no podíamos seguir las normas que predicaban nuestros maestros, y eso nos causó problemas.

Cuando se nos ordenó seguir los procedimientos establecidos y no desviarnos de las reglas, pudimos ver cómo se desalentaba la creatividad.

Comenzamos a entender por qué nuestro padre rico nos decía que las escuelas estaban diseñadas para producir buenos empleados, en lugar de empleadores.

De vez en cuando, Mike o yo preguntábamos a nuestros maestros por qué nunca estudiábamos el dinero y cómo funciona.

A menudo obteníamos la respuesta de que el dinero no era importante, que si sobresalíamos en nuestra educación, el dinero vendría solo.

Mi padre altamente educado nunca me presionó por mis calificaciones, pero tampoco me habló mucho de dinero. De hecho, a los 16 años probablemente tenía una base mucho mejor a la hora de pensar el dinero que tanto él como mi madre, juntos, a esa edad.

Podía llevar libros contables, escuchar a contadores fiscales, abogados corporativos, banqueros, corredores de bienes raíces, inversionistas y mucho más. Por el contrario, mi papá solo hablaba con otros maestros.

Permítanme reiterar: la educación es importante. La inteligencia hace dinero. Pero no necesariamente te ayudará a mantenerlo.

Ahora, la educación financiera, conocer los activos que se tienen y a las personas con las que te puedes rodear, es vital.

Es posible que hayas oído hablar de la importancia de las redes. Porque a veces las cosas se reducen simplemente “quién uno conoce”.

Piensa en las personas con las que te has relacionado en tu vida, cómo te han apoyado y lo que has aprendido de ellos.

Porque parte de la mejor educación puede venir de quien te rodeas.

La lección de hoy

Rodéate de hombres y mujeres que sean especialistas en algo: abogados, contadores, corredores y banqueros… mi esposa y yo hemos hecho lo mismo.

Mi padre rico hizo esto. Yo también lo hago. Hoy, mi equipo de asesores de The Rich Dad Company está entre mis mejores activos.

¿Y qué es más importante que el dinero? Un equipo emprendedor…

¿Quién está en el tuyo?

Saludos,

Robert Kiyosaki

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