Actuar en función de tu visión a largo plazo es la clave para lograr tus metas financieras.

Por Robert Kiyosaki

Querido lector,

Mi padre rico solía decir: “Si deseas ser un empresario o un inversor exitoso, debes comprender la historia del arca de Noé” Aunque mi padre rico no se veía a sí mismo como un profeta, trabajó arduamente para mejorar su habilidad de vaticinar el futuro. Mientras nos entrenaba a su hijo y a mí como potenciales dueños de negocios e inversores del futuro, a menudo nos decía:

“¿Se dan cuenta de cuanta fe le tomó a Noé decirle a su familia “Dios me dijo que se avecina una gran inundación, así que necesitamos construir un arca”? “

Luego, empezaba a reírse entre dientes y deslizaba “¿Se imaginan lo que su esposa, hijos e inversores podrían haberle dicho?”

Le habrían respondido cosas como “Pero Noé, vivimos en un desierto, aquí no llueve. De hecho, estamos en medio de una sequía. ¿Estás seguro de que Dios te dijo que construyeras un arca? Va a ser difícil juntar capital para una empresa de construcción de barcos en medio de un desierto. ¿No tendría más sentido construir un hotel, spa y campo de golf que un arca?»

Nuestro padre rico nos educó durante casi treinta años, desde que tan solo teníamos nueve años, y se esmeró en nuestra formación con el propósito de que pudiéramos llegar a ser dueños de negocios e inversores. Regularmente, usaba métodos de enseñanza muy simples, como el juego Monopoly, para que aprendiéramos los principios de la inversión.

Nuestro padre rico también usaba fábulas comunes, como la historia de “los tres cerditos”, para transmitirnos la importancia de construir refugios financieros hechos de ladrillos sólidos en lugar de paja o madera.

También recurría a historias del Antiguo Testamento como «David y Goliat», para enseñarle a su hijo y a mí el poder del apalancamiento, en este caso, el apalancamiento representado por la honda de David. Esa lección en particular, demuestra de cómo un gigante puede ser vencido por un contrincante más chico.

Al enseñarnos la importancia de tener una visión del futuro, nuestro padre rico solía decir: “Recuerden siempre que Noé tuvo visión. Pero más que visión, tuvo la fe y el coraje de actuar en función de su visión.

Muchas personas tienen visión, pero no todos tienen la fe y el valor sostenibles como lo hizo Noé, la fe y el coraje para tomar medidas en pos de su visión, por lo que su visión del futuro es la misma que su visión de hoy». En otras palabras, las personas sin fe, coraje y visión no logran ver los cambios que se avecinan, hasta que es demasiado tarde.

Un mundo diferente
Se requiere de muy poca educación financiera para aprender a ahorrar dinero. Como señalaba mi padre rico “podrías entrenar hasta un mono para ahorrar dinero”. Del mismo modo, se necesita muy poca educación financiera para diversificarse. La razón por la cual la mayoría de las personas ahorra o se diversifica al invertir, se debe a que carecen de la educación financiera necesaria para optar por otras alternativas.

De contar con esa educación financiera, podrían estar más dispuestos a aventurarse en el mundo real y encontrar un universo lleno de oportunidades y abundancia.

El punto es que, sin esa educación financiera, ahorrar dinero y diversificar sus fondos mutuos es lo más inteligente y, a menudo, lo único que pueden hacer.

Deuda buena y deuda mala
Mucha gente piensa que es de inteligente estar libre de deudas. Cuando era más joven, mi padre rico me explicó que existe un tipo de deuda buena y una mala. Él decía que “la deuda que te enriquece es buena, mientras que la mala es la que te empobrece”.

La razón por la que muchas personas piensan que toda deuda es mala y que estar libre de deudas es inteligente es que, en su mundo, el único tipo de deuda que conocen es la deuda mala. Entonces, de nuevo, en su mundo, estar libre de deudas es inteligente.

Es necesario saber la diferencia entre la buena deuda y la mala deuda si deseas tomar en serio tu educación financiera.

Cuando era joven, mi padre rico nos enseñó a pedir dinero prestado en lugar de desentendernos de la deuda. El propósito de enseñarnos a ser prestatarios era lograr estar en la capacidad de gestionar grandes transacciones financieras a futuro.

Una de las lecciones más importantes que nos enseñó fue que para adquirir el tipo de deuda que la mayoría de las personas toma, no se requiere de educación financiera.

Mi padre rico nos explicaba que “si todo lo que deseas es una deuda mala, el banco no exigirá ver tu estado financiero. Si deseas comprar una casa, automóvil o recibir una tarjeta de crédito, todo lo que requieres es una simple solicitud de crédito. Pero si deseas una deuda buena, una que te haga rico, el banco te exigirá un estado financiero. Antes de permitirte tener una deuda de este tipo, la entidad financiera verificará tus estados financieros, para saber si eres lo suficientemente inteligente como para manejar una deuda de esas características”.

Ahora entiendo y aprecio perfectamente las lecciones de mi padre rico sobre las diferencias entre estos tipos de deuda. Sé que la deuda mala viene atada a tasas de interés altas. Si una persona no tiene un estado financiero, el banco asumirá que el individuo en cuestión no posee educación financiera y, naturalmente, le cobrará tasas de interés más altas por el potencial riesgo de prestarle dinero a alguien en esas condiciones.

No obstante, si pido dinero prestado para un negocio o inversión inmobiliaria, me pedirán un estado financiero. En este caso, el banco querrá examinar mi balance financiero antes de arriesgarse a prestar dinero a una tasa de interés más baja.

Buen interés, mal interés
Lo mismo les sucede a las personas que ahorran dinero. Si no cuentas con una educación financiera sólida, el banco te pagará la tasa de interés más baja posible. Si tienes conocimientos financieros, existen muchos programas que te brindarán tasas de interés muchos más altas.

El miedo de una mente poco instruida puede ser muy costoso para las personas que desean ahorrar. Entonces, si deseas ser el capitán de un arca grande, debes saber la diferencia entre estos dos tipos de deuda, así como también la diferencia que existe entre los buenos y malos intereses.

La educación reduce el miedo
La educación financiera que recibí de mi padre rico desde los nueve años fue lo que me ayudó a disipar mi miedo a invertir. Todavía tengo miedo, pero gracias a la educación financiera y a la experiencia, pude comenzar a construir mi propia arca.

Una de las mayores y más gratas sorpresas de mi vida fue llegar a convertirme en una persona completamente independiente. Siempre pensé que cuando tuviera el dinero suficiente, podría retirarme, sentarme en mi arca y tomarme la vida con calma.

En 1994, a mis 47 años, finalmente terminé mi arca. Entonces descubrí lo aburrido que era pasar mi vida sentado en ella, lo que me impulsó a crear el juego de mesa CASHFLOW en 1996.

¡Juega inteligente!

Robert Kiyosaki

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