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El dinero secreto que la mayoría de la gente rica desconoce

La realidad es que nunca puedes reducir todos tus gastos. Y seamos sinceros, eliminar las cosas divertidas de tu presupuesto es algo realmente miserable.

Todos tenemos, o debemos haber tenido algún tipo de trabajo para vivir.

Muchas veces te he hablado de la estafa de “trabajar duro”.

Pero si deseas vivir bien, incluso con lujos, mientras sigues pagando todas tus cuentas, continúa leyendo.

Permíteme decirte por qué los ricos no ahorran dinero…

He escrito antes acerca de por qué los atletas bien pagados muchas veces terminan quebrando.

He compartido sobre la cantidad de atletas que van de la pobreza a la riqueza porque tienen mucho talento, pero desafortunadamente no tienen educación financiera para mantenerla.

Esto, por supuesto, no es el caso de todos los atletas. Muchos son lo suficientemente inteligentes como para obtener mentores que los ayuden a tomar decisiones financieras acertadas. Y muchos se ponen en marcha y hacen inversiones inteligentes con su dinero.

La calidad de esos consejos, sin embargo, varía mucho.

Un artículo reciente del canal estadounidense de negocios CNBC comparte el mejor consejo de dinero que el corredor de los Dallas Cowboys, Emmitt Smith, alguna vez recibió.

Smith cumplió su cuota de errores financieros, incluida la compra de un automóvil de USD 100.000 a los 20 años…

Pero Smith ha crecido y ahora cree que el mejor consejo financiero que jamás ha recibido vino de parte del dueño de los Cowboys, Jerry Jones.

“Me enseñó sobre finanzas con una oración muy simple”, señaló Smith:
“Ten una gran puerta delantera y una pequeña puerta trasera. Toma todo lo que puedas y gasta lo menos que puedas».
Los ahorradores son perdedores
El consejo financiero tradicional de ahorrar tu dinero es muy popular.

Y tal vez para un atleta que gana millones de dólares al año por un tiempo determinado y potencialmente corto, tiene sentido. Pero para la gran mayoría de las personas, ahorrar no es una forma de enriquecerse o mantenerse rico.

De hecho, para esa gran mayoría de personas, ahorrar es una forma segura de perder.

¿Por qué?

Debido a que la inflación a menudo aumenta más que las tasas de interés que recibes por tu dinero. Así que todo el tiempo que estás ahorrando, en realidad estás perdiendo el dinero.

El dinero es una moneda. Y si no se mueve, muere.

Algo triste sobre los ahorradores es que nunca ponen su dinero a trabajar para ellos, y a causa de esto, no se enriquecen.

Por eso, en lugar de enseñar a las personas a ser ahorradoras, les enseño a gastar, pero de la manera correcta.

La riqueza no es cuánto dinero tienes
¿Qué significa ser rico? La mayoría de la gente diría que ser rico significa tener un trabajo bien remunerado y muchos bienes agradables como automóviles, casas y ropa de diseño.

Pero no es la cantidad de dinero que ganas lo que te hace rico.

Tomemos, por ejemplo, al ganador de la lotería que tiene mucho dinero pero lo quema en todo tipo de tonterías. Hay muchas historias de ganadores de lotería en quiebra. De hecho, casi un tercio de todos los ganadores se declaran en bancarrota tiempo después.

Y como se mencionó recientemente, lo mismo puede ocurrir con los atletas jóvenes que llegan a ser profesionales. Un día están en quiebra, comiendo arroz blanco para el almuerzo y la cena, y al día siguiente son millonarios. Muchos de ellos simplemente no saben cómo administrar su dinero.

Pero no solo los ganadores de lotería y los atletas no saben qué hacer con el dinero una vez que lo tienen.

Mira, te quiero mostrar los resultados de una encuesta reciente hecha a 7.000 personas sobre sus hábitos de ahorro:
“De aquellos cuyos ingresos eran menos de USD 25.000, el 38% no tenía nada ahorrado y el 35% tenía menos de USD 1.000. A las personas que ganaban más les fue mejor, pero aun así reportaron bajas cantidades de dinero en sus cuentas de ahorro. De aquellos con ingresos de USD 100.000 a USD 149.999, el 18% no tenía dólares guardados en una cuenta de ahorros y el 26% tenía menos de USD 1.000. Y para las personas que ganan USD 150.000 al año o más, esas cifras se redujeron ligeramente a 6% y 23%, respectivamente.”Puede sorprenderte ver que aquellos que son considerados “ricos”, aquellos que ganan más de USD 100.000 al año en salarios, ahorran casi lo mismo que aquellos que ganan USD 25.000. A mí no me sorprende.

¡Bienvenido a la carrera de ratas!
La carrera de ratas es el ciclo de malos hábitos financieros en que la mayoría de la gente cae para mantenerse al día con lo que les rodea. La mayoría de las personas, no importa cuánto dinero ganen, no pueden escapar de la carrera de ratas. Esto sucede porque aumentan el gasto en su estilo de vida para que coincida con sus nuevos ingresos.

No hay problema con el incremento de gastos en tu estilo de vida, es solo una cuestión de aumentar tus medios para vivir “debajo” de ellos y no gastarlos en exceso. Me gustan las cosas bonitas tanto como a cualquiera. Más bien, el problema es cómo se financia ese aumento en el gasto, principalmente a través de un salario.

Como empleadas, la mayoría de las personas “ricas” pueden dejar de serlo producto de una crisis económica o de la decisión desastrosa por parte del CEO de una compañía.

Un ejercicio que me gusta pedirle a la gente que haga es enumerar todos los gastos que tienen en una columna y luego sus ingresos en otra. Luego les pido que cubran la columna de ingresos.

“¿Cuánto tiempo”, pregunto, “durarías sin tu salario?” Para la mayoría de las personas, este es un momento de verdadero pánico. Es su primera visión de su carrera de ratas.

La razón por la que la mayoría de las personas no ahorra, incluidos los llamados ricos, es que no entienden cómo hacer que el dinero trabaje para ellos. Son pobres cuando se trata de inteligencia financiera.

¿Reducir los gastos?
Desafortunadamente, la reacción inicial de la mayoría de las personas a la carrera de ratas es recortar sus gastos.

Este fue el consejo que Emmitt Smith encontró tan atractivo: “Tener una gran puerta delantera y una pequeña puerta trasera”. Y esto puede funcionar por un tiempo, pero la realidad es que nunca puedes reducir todos tus gastos. Y seamos sinceros, eliminar las cosas divertidas de tu presupuesto es algo realmente miserable.

Recortar gastos es lo que hacen los pobres. Los ricos no recortan gastos. Más bien, preguntan, como mi padre rico me enseñó a preguntar: «¿Cómo puedo pagarlo?»

Los ricos, en lugar de recortar gastos, los aumentan. La clave es que aumentan un cierto tipo de gasto que luego los hará más ricos.

El poder de pagarte a ti mismo primero
Quiero compartir dos historias que ilustran lo que quiero decir. Son tan simples que se pueden dibujar en una hoja de papel.

Aquí está la primera historia:

Esta es la segunda historia:

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Mira bien los diagramas y observa si puedes captar algunas de las distinciones entre las dos historias.

Si eres financieramente inteligente, podrás ver diferencias importantes.

Pero si no está del todo claro, para eso estoy aquí.

El primer diagrama muestra el accionar de quienes se pagan primero a sí mismos. Cada mes asignan dinero a su columna de activos antes de pagar sus gastos mensuales.

El segundo diagrama muestra las acciones de quienes les pagan a todos los demás antes de pagarse a ellos mismos. Cada mes, asignan dinero a la columna de gastos y luego invierten con lo que queda, lo que generalmente es igual a cero. Ése es el diagrama de aquellos que se encuentran en la carrera de ratas: no importa cuánto dinero ganen, son pobres.

Si comprendes el poder del flujo de efectivo, comprenderás qué es lo que está mal con el segundo diagrama. Es la razón por la que el 90% de las personas trabajan arduamente toda su vida y después necesitan de alguna jubilació gubernamental cuando ya no pueden trabajar. El motivo de esto es que se pagan últimos.

Para ser rico debes tener la autodisciplina de pagarte primero. Con esto, simplemente me refiero a usar tus ingresos para invertir en activos que generen flujo antes de pagar tus cuentas o comprar algo divertido. Esto, a su vez, creará más ingresos que puedes utilizar para invertir en más activos que generen más flujo de efectivo. Haz eso y tendrás más dinero del que crees que puedes hacer.

Pagarte primero no es fácil. De hecho, puede darte miedo, especialmente cuando las cuentas se acumulan. Pero debes desarrollar autodisciplina para hacerlo.

Ahorrar no es pagarte primero
Es importante tener en cuenta que ahorrar no es lo mismo que pagarte primero. He escrito mucho sobre por qué los ahorradores son perdedores. Si simplemente ahorras dinero cada mes, nunca podrás salir adelante financieramente.

Más bien, debes guardar con un propósito. Tanto Kim como yo tenemos algunos ahorros reservados en forma de activos líquidos como efectivo, oro y plata, que podemos usar en una emergencia. Pero la mayor parte de nuestro dinero se destina a ahorrar para invertir en activos que generen flujo de efectivo.

Son estos activos de flujo los que luego ponen dinero en nuestros bolsillos cada mes. Y es esto, finalmente, lo que te saca de la carrera de ratas.

Cuando recibes ingresos pasivos cada mes de parte de tus inversiones, no necesitas un trabajo y no necesitas un salario. Eres financieramente libre, y solo entonces eres verdaderamente rico.

Saludos,

Robert Kiyosaki

 

Elegir universidad: lectura obligada para padres y abuelos de adolescentes

Desafortunadamente, no es posible obtener una buena educación financiera en la escuela, ni será posible en mucho tiempo. Por lo tanto, una “buena educación” en una “buena escuela” es realmente una educación incompleta y costosa.

Robert Kiyosaki

Querido lector,

Cuando era joven, mi padre pobre me dijo: “necesitas ir a una buena universidad para obtener una buena educación y con eso un buen trabajo”.

Pero mi padre rico me dijo: «Rara vez recibes una buena educación en una ‘buena universidad'». Y añadió: «Es mucho mejor crear buenos empleos como empresario que obtener un buen trabajo y ser un empleado”.

En mi caso, postulé a la universidad como quería mi padre pobre, y fui aceptado en la Academia de la Marina Mercante de los Estados Unidos en Kings Port, Nueva York.

La academia es una escuela altamente selectiva, que acepta solo a 275 estudiantes por año académico y requiere de una carta de recomendación de un senador o miembro del gobierno de Estados Unidos.

En ese momento, los graduados de primer año de la Academia ganaban USD 70.000 o más por año, y eso era mucho dinero en la década de 1970.

Aunque mi padre pobre era el Director de Educación del Estado de Hawái, la verdad es que yo era un estudiante pobre con calificaciones mediocres.

Lo cierto es que no estoy seguro de cómo llegué a la Academia de la Marina Mercante de Estados Unidos, pero lo hice.

No me arrepiento de mi tiempo allí. Los académicos eran rigurosos y tuve grandes profesores. Y como la Academia era una escuela militar, aprendí habilidades de liderazgo muy necesarias, desarrollando un fuerte sentido de orgullo y disciplina que no tenía cuando era adolescente.

Esas habilidades me han servido para toda la vida.

Pero aunque disfruté de mi tiempo en la universidad, una cosa fue dolorosamente clara una vez que me gradué y comencé a trabajar: mi educación apenas comenzaba.

Los profesores eran duros y desafiantes, pero no aprendí lo más esencial para tener éxito en la vida.

Por ejemplo, no tenía idea de cómo funcionaba el dinero y no tenía la capacidad de vender algo.

Sobre todo, no tenía educación financiera, el tipo de educación más importante.

Afortunadamente de pequeño tuve a mi padre rico, quien siguió en contacto conmigo. No solo me enseñó sobre el dinero, sino que también me alentó a aceptar un trabajo de ventas en Xerox para aprender a vender en lugar de aceptar un trabajo bien remunerado como marino mercante.

Esa fue la mejor decisión de mi vida, y una que me ha dado dividendos durante décadas desde entonces.

Diferente década, mismo consejo
Hoy en día las viejas reglas del dinero como ir a una buena escuela, obtener un buen trabajo, ahorrar dinero, comprar una casa e invertir en una cartera diversificada de acciones y fondos mutuos, aún se siguen, aunque están completamente obsoletas.

Y una de las reglas antiguas más sagradas es el consejo de ir a una buena escuela.

De hecho, este consejo tiene mucho menos sentido hoy que cuando era joven.

Un ejemplo: según la revista More, el costo promedio de la educación en algunas de las principales escuelas de élite del mundo ahora es de USD 250.000 por cuatro años de educación.

Sobre eso, me gustaría citar a Claudia Dreifus, la autora del libro “¿Educación Superior? La forma en que las universidades están desperdiciando nuestro dinero y fallando a nuestros hijos, y lo que podemos hacer al respecto”:
“La mayoría de las familias no puede pagar eso, y los que lo hacen entran en un endeudamiento que encadena su futuro… de trata de costos que harían salivar a un abogado antimonopolio.”

La realidad es que los costos de la educación se han disparado, en Estados Unidos y el mundo entero –entiendo que en muchos países aún existen universidades gratuitas, pero es algo que va en retroceso.
Además, los beneficios de la educación se han desplomado.

En el caso de Estados Unidos estamos criando a una generación de hombres y mujeres jóvenes que están tan agobiados por las deudas universitarias, que tendrán dificultades para salir adelante en la vida.

Y eso se extiende con facilidad a otros países, como España, Chile o Colombia.

Cambia las reglas por las que juegas
Si eres una persona joven en tu camino a la universidad o un padre con adolescentes que se preparan para la universidad, te sugiero que pienses mucho en lo que esperas obtener de la educación universitaria y por qué lo quieres.

No estoy diciendo que la educación superior sea mala. Hay ciertas cosas que no se pueden hacer sin ella.

Por ejemplo, nunca visites a un médico que no haya ido a la escuela de medicina. Ni contrates a un abogado que no haya ido a la escuela de derecho.

Pero la vieja regla del dinero que decía que todos deberían ir a una buena escuela es una regla obsoleta, y que ataca a muchas familias de clase media con el peor tipo de deuda.

Para prosperar en la nueva economía necesitas comprender el valor de una buena educación, y entender que una buena educación es aquella que incluye la educación financiera integral.

Desafortunadamente, no es posible obtener una buena educación financiera en la escuela, ni será posible en mucho tiempo. Por lo tanto, una «buena» educación en una «buena» escuela es realmente una educación incompleta y costosa.

Es por eso que creé The Rich Dad Company, es la razón por la que publiqué 25 libros sobre educación financiera y por qué me asocié con Agora Publicacionespara llevar adelante este newsletter en el mundo de habla hispana.

Tuve el beneficio de tener un padre rico que me enseñó sobre dinero y negocios, lecciones que me han ayudado más en la vida que cualquier otra cosa que aprendí en la Academia de la Marina Mercante de Estados Unidos

Y siempre he querido dar esa misma oportunidad a los demás.

Robert Kiyosaki

¿Sabes lo que es un “jardín financiero”?

La seguridad no proviene de la esperanza de que el precio de tu casa suba, sino de ser lo suficientemente inteligente financieramente como para buscar, encontrar y adquirir activos sólidos que proporcionen ingresos mes a mes, de por vida.

Robert Kiyosaki

Mi padre rico solía disfrutar trabajando en su jardín.

Aunque era rico y no lo necesitaba, decía que le gustaba el trabajo porque le recordaba que no importa lo rico que seas, nunca eres lo suficientemente bueno como para no ensuciarte las manos.

También le gustaba la jardinería porque era una metáfora de cómo veía el mundo.

“Construir algo hermoso requiere de mucho esfuerzo y paciencia”, nos dijo una vez. “No puedes apresurar la jardinería. Debes plantar bien, entender lo que estás haciendo y sacar todas las malezas desde su raíz”.

Y añadió:

“Muchas personas quieren identificar rápidamente los problemas en su vida y luego tratan de reducirlos, de ‘podarlos’. El problema es que nunca extraen la raíz. Entonces más tarde surge el mismo problema. Es por eso que tanto en la vida como con el dinero, es importante que entiendas muy bien la raíz de tus problemas antes de tratar de atacarlos por la superficie”.

Con eso en mente, te cuento que hace algunos años leí un gran artículo de Barbara Kiviat titulado “El caso contra la propiedad en la vivienda”, publicado en la revista TIME.

En ese artículo, Kiviat identifica acertadamente y en relativamente pocas palabras, que el mito de que una casa es un activo contribuyó notablemente a la crisis financiera que Estados Unidos padeció durante buena parte de la última década:
«El lado oscuro de la propiedad de vivienda ahora es demasiado evidente: ejecuciones hipotecarias y abandonos, vecindarios plagados de propiedades abandonadas y precios de las viviendas en caída, una nación en la que las familias tienen $ 6 billones menos en riqueza en vivienda que hace tres años.

“Los préstamos estimulados por el culto a la propiedad en la vivienda pueden haber desencadenado la crisis financiera y haber llevado directamente a su mayor rescate, el de Fannie Mae y Freddie Mac… pero sucede que durante la mayor parte de un siglo, la política, la industria y la cultura se alinearon para crear un fetiche sobre la idea de comprar una casa».
Me acordé de ese artículo hoy, porque el contexto actual en la propiedad de la vivienda, no sólo en Estados Unidos sino que también en el resto del mundo, ha cambiado mucho desde entonces.

En los años posteriores a la explosión de la burbuja inmobiliaria, escribí mucho sobre el lamentable estado del mercado inmobiliario residencial en Estados Unidos y volví a examinar algunos de los principios básicos que son la base del mensaje de Padre Rico Diario.

Para resumir los números de la vivienda en los años que rodearon la crisis de 2008:
• Se perdieron casi USD 6 billones en riqueza de vivienda entre 2005 y 2010.

• Los valores las casas cayeron un 30%.

• Las ventas de casas existentes cayeron un 27%.

• Los inventarios de vivienda se mantuvieron durante 12,5 meses, más del doble de lo que se considera saludable.
Con números como éstos, puedo ver por qué las personas como Kiviat se están dando cuenta de que el sueño estadounidense (y de la gran mayoría de las personas en el mundo entero) de hacerse ricos a través de la propiedad de una vivienda es una de las mentiras más grandes jamás perpetrada en contra de la clase media a lo largo y ancho del planeta.

Lo peor es que temo que el futuro para las personas que compran casas sea el mismo de antes.

Afortunadamente, la comunidad de Padre Rico Diario ha sabido durante años que su casa no es un activo.

El problema real
No se puede negar que el mercado residencial de viviendas ha sido y siempre será siempre un problema.

Pero a pesar de que la vivienda es un problema, no es el problema real.

El problema real es la enorme falta de educación financiera. El problema real es que las personas no comprenden las diferencias fundamentales entre un activo y un pasivo.

Me resulta difícil creer que una población educada financieramente que entendiera que su casa no es un activo sino que más bien una carga, hubiera participado en el frenesí de bienes raíces que se produjo a principios de la década de 2000 en Estados Unidos y varios otros países del planeta.

Tomando las lecciones que mi padre rico me enseñó con su jardín, es que entonces puedo ver que el problema fundamental, el problema de raíz, es que la gente no entiende cómo funciona el dinero.

Desenterrar la raíz
Me temo que hasta que no abordemos la raíz de nuestros problemas financieros, continuaremos viendo enormes problemas en este sector.

Hasta que no exista una educación financiera integral en las escuelas continuaremos viendo a personas que piensan que su casa –o cualquier otra cosa que en realidad sea una carga- es un activo.

Si bien es importante identificar las causas inmediatas de los problemas, como los desmanejos económicos que sin duda continuarán apareciendo siempre, hasta el fin de los tiempos, es mucho más importante identificar por qué estas causas inmediatas crecen en nuestro suelo financiero, y luego tirar de la raíz del problema sin piedad.

El camino a la riqueza es uno de constante aprendizaje y trabajo.

Aunque a menudo me han acusado de fomentar esquemas de “hacerse rico de la noche a la mañana”, puedo decir con confianza y orgullo que ése nunca ha sido el mensaje de Padre Rico y de The Rich Dad Company.

El mensaje de mi libro Padre Rico, Padre Pobre y ahora de Padre Rico Diario es uno de educación financiera continua y de adquisición de activos que generen flujo de efectivo a lo largo de toda una vida.

La seguridad no proviene de la esperanza de que el precio de tu casa suba, sino de ser lo suficientemente inteligente financieramente como para buscar, encontrar y adquirir activos sólidos que proporcionen ingresos mes a mes, de por vida.

Eso no es fácil. No es rápido. Y no es algo que la persona común pueda hacer si depende de la educación que recibió en la escuela.

Cuida tu jardín
Hoy tienes la opción de realizar trabajos de superficie y podar tu jardín o, en cambio, arremangarte y comenzar la ardua labor de cuidar bien su jardín financiero, comenzando por arrancar los problemas de raíz.

Si bien será un trabajo duro, será un trabajo que se verá recompensado por el resto de tu vida.

Al extraer las raíces de tus problemas financieros te asegurarás de que no regresen en las áreas y en los tiempos que menos esperas.

Saludos,

Robert Kiyosaki

La trampa más grande de tu vida

Codicia y miedo se entremezclan para gobernarnos. Si no somos capaces de salir de su dinámica, estaremos atrapados para siempre.

Por Robert Kiyosaki

Querido lector:

Fue en 1956, yo tenía 9 años.

Hubo un día en el que mi padre rico vino a hablar conmigo y mi amigo Mike después de nuestro turno en la tienda de comida.

En ese momento, estábamos trabajando gratis, ni siquiera recibíamos nuestro salario original de 10 centavos por hora que habíamos acordado. Fue parte de las lecciones que mi padre rico estaba tratando de enseñarnos, pero todavía estábamos teniendo problemas para comprender lo que él quería que aprendiéramos.

La siguiente conversación se produjo tres semanas después de que nos diera esa primera gran lección sobre la diferencia entre trabajar por dinero y tener dinero trabajando para ti.

“¿Aprendieron algo?”, comenzó mi padre rico.

Mike y yo nos miramos, nos encogimos de hombros y negamos con la cabeza al unísono.
“Ustedes muchachos deberían comenzar a pensar. Están presenciando una de las lecciones más grandes de la vida. Si lo aprenden, disfrutarán de una vida de gran libertad y seguridad. Si no lo hacen, terminarán como esa gente que se sienta a mirar las palomas en el parque. Trabajan muy duro por poco dinero, aferrándose a la ilusión de la seguridad que les da el empleo y esperando unas vacaciones de tres semanas cada año, con una pensión escasa después de 45 años de labor. Si eso les emociona, les daré un aumento de 25 centavos por hora”.«Pero estas son buenas personas, trabajadoras. ¿Te estás burlando de ellos?”, le dije.

Una sonrisa apareció en el rostro de mi padre rico.
“Puedo sonar poco amable porque estoy haciendo todo lo posible para señalarles algo a ustedes dos. Quiero ampliar su punto de vista para que puedan ver algo que la mayoría de las personas no tiene el privilegio de ver porque su visión es demasiado estrecha. La mayoría de la gente nunca ve la trampa en la que está”.Mike y yo nos sentamos sin entender su mensaje. Sonaba cruel, sin embargo, pudimos sentir que estaba tratando de conducirnos al punto.

Con una sonrisa, mi padre rico dijo: «¿No les parece que 25 centavos por hora suene bien? ¿No hace que sus corazones latan un poco más rápido?»

Negué con la cabeza, pero realmente era así. Aunque veinticinco centavos por hora era mucho dinero para mí.

«Está bien, te pagaré un dólar por hora», dijo el padre rico con una sonrisa socarrona. Ahora mi corazón comenzó a acelerarse. Mi cerebro estaba gritando, «Tómalo. Tómalo”. No podía creer lo que estaba escuchando. Aun así, no dije nada.

«Está bien, dos dólares por hora». Mi pequeño cerebro y mi corazón casi explotaron. Después de todo, era el año 1956 y el pago de USD 2 por hora me habría convertido en el niño más rico del mundo. No podía imaginarme ganando esa cantidad de dinero. Quería decir que sí. Quería el trato. Podía imaginarme una nueva bicicleta, un nuevo guante de béisbol y la admiración de mis amigos. Además de eso, Jimmy y sus amigos ricos nunca podrían volver a llamarme “pobre”.

Pero de alguna manera mi boca se mantuvo cerrada.

Mi padre rico estaba mirando a dos niños que lo miraban fijamente, con los ojos bien abiertos y el cerebro vacío. Nos estaba probando y sabía que había una parte de nuestras emociones que quería aceptar el trato. Comprendió que cada persona tiene una parte débil y necesitada de su alma que se puede comprar, y sabía que cada persona también tenía una parte de su alma que era resistente y nunca se podía comprar. Era solo una cuestión de cuál era más fuerte.

“Está bien, cinco dólares por hora”.

De repente me quedé en silencio. Algo había cambiado. La oferta era demasiado grande y ridícula. No muchos adultos en 1956 ganaban más que eso, pero rápidamente mi tentación desapareció, y la calma se instaló. Lentamente, giré a mi izquierda para mirar a Mike. La parte de mi alma que era débil y necesitada fue silenciada. La parte de mí que no tenía precio se hizo cargo. Sabía que Mike también había llegado a ese punto.

Miedo y codicia: la batalla sin fin
Las vidas de las personas están controladas para siempre por dos emociones: el miedo y la codicia.

«Bien», dijo mi padre rico en voz baja. “La mayoría de la gente tiene un precio. Y tienen un precio debido al manejo de dos emociones humanas llamadas ‘miedo’ y ‘codicia’. Primero, el temor de no tener dinero nos motiva a trabajar duro, y luego, una vez que recibimos el pago, la codicia o el deseo nos hace pensar en todas las cosas maravillosas que el dinero puede comprar. Entonces se establece el patrón».

“¿Qué patrón?” Pregunté.
“El patrón de levantarse, ir a trabajar, pagar las cuentas; Levántate, ve a trabajar, paga cuentas. Las vidas de las personas están siempre controladas por dos emociones: el miedo y la codicia. Ofréceles más dinero y continúan el ciclo aumentando sus gastos. Esto es lo que yo llamo ‘la carrera de ratas’».«¿Hay otra manera?», preguntó Mike.

«Sí», dijo mi padre rico lentamente. «Pero solo unas pocas personas la encuentran».

«¿Y cuál es?”, preguntó Mike.

«Eso es lo que espero que aprendan mientras trabajan y estudian conmigo. Es por eso que eliminé todas las formas de pago», dijo.

«¿Alguna pista?», preguntó Mike. «Estamos un poco cansados de trabajar duro, especialmente por nada».

«Bueno, el primer paso es decir la verdad», dijo mi padre rico.

«No hemos estado mintiendo», le dije.

«No dije que estuvieran mintiendo. Digo que digan la verdad”, replicó mi padre rico.

“¿La verdad sobre qué?”, pregunté.

«Sobre cómo te sientes», dijo mi padre rico. «Y no tienes que decírselo a nadie. Solo admítelo para ti mismo”.

«Quiere decir que la gente en esta planta, la gente que trabaja para usted, ¿no hacen eso?», le pregunté.

«Lo dudo», dijo mi padre rico. “En cambio, sienten el miedo de no tener dinero. No lo confrontan lógicamente. Reaccionan emocionalmente en lugar de usar sus cabezas», dijo mi padre rico. “Luego, reciben un poco de dinero en sus manos y, nuevamente, las emociones de alegría, deseo y codicia se hacen cargo. Y vuelven a reaccionar, en lugar de pensar”.

«Así que sus emociones controlan su cerebro», dijo Mike.

«Así es», dijo mi padre rico. Y profundizó algo muy importante:
“En lugar de admitir la verdad sobre cómo se sienten, reaccionan a sus sentimientos y dejan de pensar. Sienten el miedo, así que van a trabajar, esperando que el dinero los alivie, pero no lo hace. Continúa persiguiéndolos y regresan al trabajo, esperando que el dinero calme sus temores, y nuevamente no lo hace.

“El miedo los mantiene en esta trampa de trabajar, ganar dinero, trabajar, ganar dinero, esperando que el miedo desaparezca. Pero cada día se levantan, y ese viejo miedo despierta con ellos. Para millones de personas, ese viejo temor los mantiene despiertos toda la noche, causando una noche de confusión y preocupación. Así que se levantan y van a trabajar, con la esperanza de que un sueldo mate al miedo que corroe su alma.

“El dinero está manejando sus vidas, y se niegan a decirse la verdad sobre eso. El dinero es el que controla sus emociones y sus almas».Mi padre rico se sentó en silencio, dejando que sus palabras llegaran. Mike y yo escuchamos lo que dijo, pero no entendimos completamente de qué estaba hablando. Solo sabía que a menudo me preguntaba por qué los adultos se apresuraban a ir al trabajo.

No parecía muy divertido, y nunca se veían tan felices, pero algo los mantenía haciéndolo.

Al darse cuenta de que habíamos absorbido todo lo posible de lo que él estaba hablando, mi padre rico dijo: “Quiero que ustedes, muchachos, eviten esa trampa. Eso es realmente lo que quiero enseñarles. No solo ser ricos, porque ser rico no resuelve el problema».

«¿No?», pregunté, sorprendido.
«No, no lo hace. Déjame explicarte la otra emoción: el deseo. Algunos lo llaman codicia, pero yo prefiero el deseo. Es perfectamente normal desear algo mejor, más bonito, más divertido o emocionante. Así que la gente también trabaja por dinero debido al deseo. La gente desea dinero porque cree que pueden comprar la felicidad. Pero la alegría que trae el dinero a menudo es de corta duración, y pronto necesitan más dinero para tener más alegría, más placer, más comodidad y más seguridad. Así que siguen trabajando, pensando que el dinero calmará sus almas, que están perturbadas por el miedo y el deseo. Pero el dinero no puede hacer eso”.«¿Incluso los ricos hacen esto?», preguntó Mike.

«Incluso la gente rica”, dijo. «De hecho, la razón por la que muchas personas ricas son ricas no es por el deseo, sino por el miedo”.
“Creen que el dinero puede eliminar el miedo a ser pobre, por lo que acumulan toneladas de dinero, solo para descubrir que el miedo empeora, porque en ese momento temen perder el dinero. Tengo amigos que siguen trabajando aunque tengan mucho. Conozco personas que tienen millones y que tienen más miedo ahora que cuando eran pobres.

«Están aterrorizados de perderlo todo. Los temores que los llevaron a enriquecerse empeoraron. Esa parte débil y necesitada de su alma en realidad está gritando más fuerte. No quieren perder sus grandes casas, sus autos y el dinero de la vida. Se preocupan por lo que dirían sus amigos si perdieran todo su dinero.

«Muchos están emocionalmente desesperados y neuróticos, aunque parecen ricos y tienen más dinero».«Entonces, ¿un hombre pobre es más feliz?», pregunté.

«No, no lo creo», respondió mi padre rico. «Evitar el dinero es tan psicótico como estar atado a él».

Justo en ese momento un mendigo pasó por nuestra mesa, se detuvo junto a la basura y la revolvió. Los tres lo observamos con gran interés, cuando antes probablemente lo hubiéramos ignorado.

Mi padre rico sacó un dólar de su billetera e hizo un gesto al hombre mayor. Al ver el dinero, el hombre se acercó de inmediato, tomó el billete, dio las gracias a y se marchó, extasiado con su buena fortuna.

«No es muy diferente a la mayoría de mis empleados», dijo mi padre rico. «He conocido a mucha gente que dice: ‘Oh, no me interesa el dinero’. Sin embargo, trabajan en un empleo ocho horas al día. Eso es una negación de la verdad. Si no les interesaba el dinero, ¿por qué trabajan? Ese tipo de pensamiento es probablemente más psicótico que una persona que acumula dinero».

Mientras estaba sentado escuchando a mi padre rico, mi mente volvió a las innumerables veces que mi propio padre dijo: «No me interesa el dinero».

Decía esas palabras a menudo. Y también se cubría diciendo: «Yo trabajo porque amo mi trabajo».

«Entonces, ¿qué hacemos?», le pregunté. «¿No trabajas por dinero hasta que todos los rastros de miedo y codicia hayan desaparecido?».

«No, eso sería una pérdida de tiempo», dijo mi padre rico. “Las emociones son lo que nos hace humanos. La palabra ‘emoción’ significa ‘energía en movimiento’. Lo que hay que hacer es ser sincero acerca de tus emociones y usar tu mente y las emociones a tu favor, no contra ti mismo».

Esta lección es algo con lo que muy pocas personas pueden lidiar. No es tan difícil entender la verdad que hay en ello…

¿Pero puedes realmente usar ese conocimiento para cambiar tu comportamiento?

Seguimos la semana próxima.

Saludos,

Robert Kiyosaki

 

El dinero es lo que hace girar al mundo

Por Robert Kiyosaki

No hay dudas: el dinero es lo que hace girar al mundo.

Sin embargo, constantemente escuchamos historias sobre algún atleta multimillonario que diez años después de se encuentra sin hogar. O del tipo que ganó la lotería solo para luego encontrarse sin un centavo.

Porque no se trata de la cantidad de dinero que ganas, sino de con cuánto dinero te quedas.

Personalmente, me estremezco cada vez que escucho a la gente preguntarme sobre cómo enriquecerse más rápido o dónde deben comenzar para hacerlo. A menudo escucho la frase “necesito ganar más dinero».

Odio escuchar todo eso, porque a menudo “más dinero” no resolverá el problema.

De hecho, en algunos casos puede llegar a agravar el problema.

El dinero a menudo pone de relieve lo que no sabemos. Es por eso que, con demasiada frecuencia, una persona que repentinamente obtiene una gran cantidad de dinero (una herencia, un aumento de sueldo o que gana la lotería, por decir un par de ejemplos) pronto regresa al mismo desastre financiero, sino peor, que el desastre en el que estaba antes.

Porque lo que sucede en estos casos es que el dinero acentúa el patrón de flujo de efectivo que se ejecuta en su cabeza: si su patrón es gastar todo lo que recibe, lo más probable es que un aumento en ese ingreso solo resulte en un aumento en el gasto.

Por eso este dicho, muy común en Estados Unidos: “un tonto y su dinero es una gran fiesta”.

Y esto sucede porque asistimos a la escuela para adquirir habilidades académicas y profesionales, las cuales son importantes. Y aprendemos a ganar dinero con nuestras habilidades profesionales.

Cuando estaba en la escuela secundaria, si a alguien le iba bien académicamente, las personas asumían que este estudiante brillante sería un médico porque era la profesión con la promesa de mayor recompensa financiera.

En cambio, hoy en día los médicos enfrentan desafíos financieros que no desearía ni a mi peor enemigo: las compañías de seguros que toman el control del negocio, la atención médica administrada, la intervención del gobierno y demandas por mala praxis.

Hoy en día los niños no quieren ser médicos, sino que deportistas famosos, estrellas de cine o de rock, reinas de belleza o CEOs de compañías tecnológicas, porque ahí es donde están la fama, el dinero y el prestigio. Y es esa es la razón por la que es tan difícil motivar a los niños en la escuela hoy.

Saben que el éxito profesional ya no está únicamente vinculado al éxito académico, como lo era antes.

Y debido a que los estudiantes dejan la escuela sin habilidades financieras, millones de personas educadas ejercen su profesión con éxito pero luego se ve a sí mismas con problemas financieros. Trabajan duro pero no lo logran.

Porque lo que falta en su educación no es cómo ganar dinero, sino cómo administrar el dinero.

Esto se llama aptitud financiera: qué haces con el dinero una vez que lo consigues, cómo evitar que otros te lo quiten, cómo mantenerlo por más tiempo y cómo hacer que ese dinero trabaje para ti y no al revés.

La mayoría no entiende por qué luchan financieramente porque no entienden el concepto de “flujo de efect

ivo”.

Entonces, una persona puede estar muy educada y profesionalmente exitosa, pero ser financieramente analfabeta.

Estas personas a menudo trabajan más duro de lo necesario porque aprendieron cómo esforzarse, pero no cómo hacer que sea su dinero el que trabaje duro para ellos.

Toda la educación en el mundo puede conseguirte el dinero. Pero no necesariamente hará que éste se quede.

En mi caso, aprendí esto cuando estaba en medio de mi adolescencia: cuando Mike y yo teníamos 16 años, comenzamos a tener problemas en la escuela.

No éramos niños malos, simplemente comenzamos a separarnos del grupo.

Trabajamos para el padre de Mike (mi padre rico) después de la escuela y los fines de semana. Mike y yo a menudo pasábamos horas después del trabajo sentados en una mesa con su padre, mientras mantenía reuniones con sus banqueros, abogados, contadores, corredores, inversionistas, gerentes y empleados.

Se trataba de un hombre que había dejado la escuela a los 13 años y que ahora dirigía, instruía, ordenaba y hacía preguntas a personas educadas. Todas estaban a su entera disposición, y se encogían cuando él no lo aprobaba alguna de sus propuestas.

Se trataba de un hombre que no había seguido a la multitud.

Era un hombre que pensaba y detestaba expresiones como “tenemos que hacerlo de esta manera porque así lo hacen los demás”. También odiaba cuando alguien decía “no puedo”. Si querías que él hiciera algo, solo había que decirle “no creo que puedas hacerlo”.

Mike y yo aprendimos más al asistir a sus reuniones de lo que lo hicimos en todos nuestros años de escuela, incluida la universidad.

El padre de Mike no era inteligente con los libros, pero tenía una amplia educación financiera, y un notable éxito.

Nos dijo una y otra vez: “Una persona inteligente contrata a personas que son más inteligentes que él”.

Así que Mike y yo tuvimos el beneficio de pasar horas escuchando y aprendiendo de personas inteligentes.

Pero debido a esto, Mike y yo no podíamos seguir las normas que predicaban nuestros maestros, y eso nos causó problemas.

Cuando se nos ordenó seguir los procedimientos establecidos y no desviarnos de las reglas, pudimos ver cómo se desalentaba la creatividad.

Comenzamos a entender por qué nuestro padre rico nos decía que las escuelas estaban diseñadas para producir buenos empleados, en lugar de empleadores.

De vez en cuando, Mike o yo preguntábamos a nuestros maestros por qué nunca estudiábamos el dinero y cómo funciona.

A menudo obteníamos la respuesta de que el dinero no era importante, que si sobresalíamos en nuestra educación, el dinero vendría solo.

Mi padre altamente educado nunca me presionó por mis calificaciones, pero tampoco me habló mucho de dinero. De hecho, a los 16 años probablemente tenía una base mucho mejor a la hora de pensar el dinero que tanto él como mi madre, juntos, a esa edad.

Podía llevar libros contables, escuchar a contadores fiscales, abogados corporativos, banqueros, corredores de bienes raíces, inversionistas y mucho más. Por el contrario, mi papá solo hablaba con otros maestros.

Permítanme reiterar: la educación es importante. La inteligencia hace dinero. Pero no necesariamente te ayudará a mantenerlo.

Ahora, la educación financiera, conocer los activos que se tienen y a las personas con las que te puedes rodear, es vital.

Es posible que hayas oído hablar de la importancia de las redes. Porque a veces las cosas se reducen simplemente “quién uno conoce”.

Piensa en las personas con las que te has relacionado en tu vida, cómo te han apoyado y lo que has aprendido de ellos.

Porque parte de la mejor educación puede venir de quien te rodeas.

La lección de hoy

Rodéate de hombres y mujeres que sean especialistas en algo: abogados, contadores, corredores y banqueros… mi esposa y yo hemos hecho lo mismo.

Mi padre rico hizo esto. Yo también lo hago. Hoy, mi equipo de asesores de The Rich Dad Company está entre mis mejores activos.

¿Y qué es más importante que el dinero? Un equipo emprendedor…

¿Quién está en el tuyo?

Saludos,

Robert Kiyosaki

Robin Hood es una mentira

Por Robert Kiyosaki

Los impuestos parecían ser la solución, pero el tiempo ha demostrado que son un problema más que otra cosa. No caigas en esta trampa nunca más.

Recuerdo cuando en la escuela me contaron la historia de Robin Hood y sus secuaces.

Mi maestra pensaba que era una historia maravillosa, la leyenda de un héroe romántico que robaba a los ricos para darles a los pobres.

Mi padre rico no veía a Robin Hood como un héroe.

Decía que era solo un ladrón.

Puede que Robin Hood haya pasado a la historia, pero sus seguidores siguen vivos.

A menudo, escucho gente diciendo: “¿por qué no lo pagan los ricos”, o “los ricos deberían pagar más impuestos y darle ese dinero a los pobres”.

Es este concepto del “Robin Hood” –quitarles a los ricos para darles a los pobres– lo que más aflicción le ha causado las clases media y baja.

La razón por la cual la clase media está sujeta a tantos impuestos agobiantes, es precisamente por la teoría de Robin Hood.

La realidad es que los que pagan impuestos no son los ricos. Es la clase media la que tiene que pagar y hacerse cargo de los pobres.

Para comprender realmente por qué suceden estas cosas, deberíamos echar un vistazo a la historia de los impuestos.

Nuestro padre rico nos explicó a Mike y a mí que, al principio, en Inglaterra y Estados Unidos no había impuestos.

De vez en cuando, se exigían impuestos temporales para pagar las guerras. El rey o el presidente simplemente hacía un anuncio pidiéndoles a todos que “contribuyeran”.

Por ejemplo: desde 1799 a 1816, se impusieron impuestos en Gran Bretaña para costear la lucha contra Napoleón.

Lo mismo en Estados Unidos de 1861 a 1865, para luchar contra el ejército confederado en la Guera de Cecesión.

En 1874 Inglaterra hizo del impuesto sobre la renta un gravamen permanente sobre sus ciudadanos.

En 1913, la 16a Enmienda a la Constitución impuso permanentemente un impuesto sobre la renta en Estados Unidos.

Hubo un punto en que los estadounidenses tomaron una fuerte postura anti-impuestos. Le tomó aproximadamente 50 años a Estados Unidos venderle a la gente la idea de un impuesto sobre la renta permanente.

Sin embargo, lo que no dicen estas fechas históricas es que ambos tipos de impuestos originalmente existieron solo para los ricos. Eso fue los que nuestro padre rico quiso que entendiéramos Mike y yo.

La idea de los impuestos se hizo popular diciéndole a los pobres y a la clase media que no eran más que una medida para castigar a los ricos.

Fue así como la mayoría votó por la ley.

Sin embargo, si bien estaban pensados para afectar a los ricos, terminó castigando a los pobres y la clase media.

“Cuando el gobierno probó el sabor del dinero, su apetito creció”, dijo mi padre rico. “Tu padre y yo somos opuestos directos. Él es un burócrata gubernamental y yo soy un capitalista. Nos pagan, y nuestro éxito se mide con métricas opuestas.

A él le pagan por gastar dinero y contratar gente. Cuanto más hace esto, más grande se vuelve su organización. En el gobierno, una gran organización es respetada.

En mi caso, mientras menos personas contrate y menos dinero gaste, más me respetarán. Por eso no me gustan las personas del gobierno.

Tienen objetivos diferentes a los de la mayoría de los empresarios. A medida que el gobierno crece, se necesita más y más dinero de los impuestos para sostenerse”.

Desde que tenía unos diez años, mi padre rico me dijo los funcionarios del gobierno eran una bola de ladrones perezosos. Y de mi padre pobre, escuchaba que los ricos eran delincuentes codiciosos a los que se les debería obligar a pagar más impuestos.

Ambos lados tenían puntos válidos.

Era difícil ir a trabajar para uno de los mayores capitalistas de la ciudad y volver a la casa de un padre que era un destacado líder del gobierno. Era difícil decidir a quién creerle.

Sin embargo, cuando estudias la historia de los impuestos, nace una perspectiva interesante… Como dije, la aprobación civil de los impuestos fue posible únicamente porque las masas creían en una cosa:

Quitarles a los ricos y darles a todos los demás.

El problema era que la codicia del gobierno era tal que los impuestos no tardaron en caer sobre los hombros de la clase media, y desde allí siguieron expandiéndose.

Sin embargo, los ricos vieron una oportunidad, ya que ellos no siguen las mismas reglas que los demás. Los ricos sabían todos sobre las corporaciones.

Es precisamente el conocimiento de la estructura corporativa legal lo que realmente les da a los ricos una ventaja.

En pocas palabras: no importaba lo que los “Robin Hoods” modernos hicieran, los ricos siempre les llevaban la delantera.

Y fue así como los impuestos finalmente cayeron sobre la clase media. Los ricos burlaron al gobierno únicamente porque entendían el poder del dinero, algo que no se enseña en las escuelas.

Ahora bien, específicamente, ¿cómo es que los ricos consiguieron esto? Porque una vez que se aprobó el impuesto “para quitarle a los ricos”, comenzó a fluir dinero hacia las arcas del gobierno…

Al principio, la gente estaba feliz. El dinero llegaba a manos de los funcionarios gubernamentales sin problemas. Pero el problema llegó después con la gestión de ese dinero.

El ideal del gobierno es evitar tener excedentes de capital –a cualquier costo.

Si no gastan sus fondos asignados, las oficinas gubernamentales corren el riesgo de recibir menos dinero en los próximos presupuestos.

A medida que este ciclo de más gasto gubernamental crecía, la demanda por capital aumentaba.

Por ello, la idea de “quitarle a los ricos” fue ajustada para incluir a individuos con ingresos más bajos, llegando incluso hasta los mismos individuos que votaron por esas medidas: los pobres y la clase media.

Esta guerra entre “los que tienen” y “los que no tienen” se ha extendido por cientos de años. Y esa batalla continuará para siempre.

El problema, es que los verdaderos perdedores de este juego son las que no tienen educación: los que se levantan todos los días, van al trabajo y obedientemente pagan sus impuestos.

Si tan solo entendieran cómo juegan los ricos este juego, ellos podrían sumarse a los más exitosos. Y una vez que eso pase, oficialmente estarán encaminados hacia la independencia financiera.

Es por eso que me estremezco cada vez que escucho a un padre aconsejar a sus hijos con que vayan a la escuela para que puedan encontrar un trabajo seguro. Un empleado con un trabajo seguro, sin aptitudes financieras, no tiene escapatoria de la trampa laboral.

En Estados Unidos, por ejemplo, el empleado promedio se pasa entre cuatro y cinco meses trabajando solo para cubrir los impuestos del gobierno. En mi opinión, eso es demasiado. Cuanto más trabajas, más le pagas al gobierno.

Cada vez que la gente trata de castigar a los ricos, ellos simplemente hacen caso omiso y siguen con lo suyo. Reaccionan y se adaptan.

Tienen el dinero, el poder y la intención de cambiar las cosas a su favor, y no se quedan de brazos cruzados.

Usan sus recursos para fomentar el cambio.

Los pobres y la clase media no cuentan con los mismos recursos.

Ellos permiten que las agujas del gobierno entren en sus brazos y les obliguen a donar su propia sangre sin consentimiento.

Hoy en día quedo constantemente sorprendido con la cantidad de gente que paga más impuestos, o que buscan menos deducciones, simplemente porque le temen al gobierno.

Mi padre pobre nunca se defendió.

Mi padre rico tampoco lo hizo.

Él solo jugó mejor sus cartas.

Saludos,

Robert Kiyosaki

La lección más importante que puedes aprender sobre el dinero

Hoy te contaré sobre cómo fue mi primera lección de finanzas… la conversación con mi padre rico que me dio la comprensión fundamental del dinero para encontrarme en el camino del éxito.

Robert Kiyosaki

Querido lector,

En nuestra primera entrega te compartí cómo mi padre, a quien llamo mi padre pobre, me contó sobre el hombre que, aunque no lo sabía todavía, se convertiría en mi padre rico.

Yo sólo tenía nueve años.

Como te dije hace un par de días, tras nuestro fallido intento de armar un negocio fabricando monedas falsas, mi padre nos dijo a mí y a mi amigo Mike: “Si ustedes quieren aprender cómo ser ricos, no me pregunten a mí. Habla con tu papá, Mike”.

Nos contó cómo el padre de mi amigo era conocido por ser inteligente con el dinero, sobre cómo estaba construyendo un imperio y sobre cómo pronto sería un hombre muy rico.

Con eso, Mike y yo nos emocionamos nuevamente. Con nuevo vigor, comenzamos a limpiar el desorden del inconsciente esquema de falsificación que habíamos armado.

Mike iba a hablar con su padre cuando llegara a su casa esa noche para preguntarle si nos enseñaría a enriquecernos. Mike me prometió llamar lo más pronto posible, una vez que hubiera hablado con su padre, aunque fuera tarde.

El teléfono sonó a las 8:30 pm.

“Está bien”, le dije. “El próximo sábado”. Colgué el teléfono. El padre de Mike había acordado reunirse con nosotros.

Después de tomar el autobús de las 7:30 am hasta el otro lado de la ciudad, Mike y yo llegamos a la oficina de su padre a las 8:00 am en punto.

Era un hombre grande, de 1,80 metros de alto y 90 kilos.

“¿Mike dijo que quieres aprender a ganar dinero? ¿Es cierto, Robert?”.

Asentí con la cabeza rápidamente, pero con un poco de temor. Tenía mucho poder detrás de sus palabras y sonrisa.

“Está bien, ésta es mi oferta. Te enseñaré, pero no lo haré al estilo de una clase. Trabajarás para mí y te enseñaré. Si no trabajas para mí, no te enseñaré. Puedo enseñarte más rápido si trabajas, y estaría perdiendo el tiempo si solo quieres sentarte y escuchar. Ésa es mi oferta. Tómalo o déjalo”.

«Bien, ¿puedo hacer una pregunta primero?», le pregunté.

«No. Tómalo o déjalo. Tengo mucho trabajo que hacer para perder mi tiempo. Las oportunidades van y vienen. Ser capaz de saber tomar decisiones rápidas es una habilidad importante. Tienes la oportunidad que pediste. El aprendizaje está empezando, o terminó hace 10 segundos”, dijo el padre de Mike con una sonrisa burlona.

«Lo tomo», le dije. «Tómalo», dijo Mike.

«Bien», dijo el papá de Mike. “La Sra. Martin estará acá en 10 minutos. Después de que hayamos terminado de hablar, te encontrarás con ella y podrás comenzar a trabajar. Te pagaré 10 centavos por hora y trabajarás tres horas cada sábado».

Así nos dirigimos a nuestro trabajo. Durante tres semanas Mike y yo le reportamos a la Sra. Martin y trabajamos nuestras tres horas. Al mediodía, nuestro trabajo había terminado, y ella dejaba caer esos pocos centavos en cada una de nuestras manos. Debo alcarar que incluso a la edad de nueve años a mediados de la década de 1950, 30 centavos no eran demasiado emocionantes. Los cómics costaban 10 centavos en ese momento, así que generalmente gastaba mi dinero en cómics y regresaba a mi casa.

Para el miércoles de la cuarta semana, estaba listo para renunciar. Acepté trabajar solo porque quería aprender a ganar dinero con el padre de Mike, y ahora era esclavo por 10 centavos la hora. Además de eso, no había visto al padre de Mike desde aquel primer sábado.

“Voy a renunciar”, le dije a Mike a la hora del almuerzo.

Esta vez, Mike sonrió. «Mi papá dijo que esto sucedería. Dijo que te reunieras con él cuando estuvieras por renunciar. Mi papá es diferente. Él no enseña como tu papá. Tu mamá y tu papá te dan muchos sermones. Mi papa es callado. Solo espera hasta este sábado. Le diré que estás listo».

A las nueve de la mañana del sábado, me senté frente al padre de Mike en su pequeña oficina.

«Entiendo que quieres un aumento de sueldo, o renunciarás», dijo el padre rico mientras giraba en la silla de su oficina.

«Bueno, no estás cumpliendo tu parte del trato», dije de golpe, casi llorando.

“Dijiste que me enseñarías si trabajaba para ti. Bueno, he trabajado para ti. He trabajado duro. He dejado mis clases de béisbol para trabajar para ti, pero no has cumplido tu palabra y no me has enseñado nada. Eres un ladrón como todos en la ciudad creen que eres. Quieres todo el dinero y no cuidas a tus empleados. Merezco ser tratado mejor”.

«No está mal», dijo el padre rico. «Te pareces a la mayoría de mis empleados».

«Pensé que ibas a cumplir tu parte del trato y enseñarme».

«Te estoy enseñando», dijo el padre rico en voz baja.

«¿Qué me has enseñado? ¡Nada!”, dije enojado. “Y diez centavos la hora. ¡Ja! Tenemos leyes sobre el trabajo infantil, ¿sabes?”.

«¡Wow!», expresó el padre rico. «Ahora suenas como la mayoría de las personas que solían trabajar para mí: personas a las que despedí o que renunciaron».

«Entonces, ¿qué tienes para decir?», exigí, sintiéndome muy valiente para ser un pequeño niño. «Me mentiste. No me has enseñado nada».

«¿Cómo sabes que no te he enseñado nada?», preguntó mi padre rico con calma.

«Bueno, nunca me has hablado. He trabajado durante tres semanas y no me has enseñado nada», le dije.

«¿La enseñanza significa dar sermones?», preguntó mi padre rico. «Así es como te enseñan en la escuela. Pero así no es como te enseña la vida. La mayoría de las veces, la vida no te habla. Simplemente te empuja. Y cada empujón es la vida diciendo ‘Despierta. Hay algo que quiero que aprendas’”.

En ese momento pensaba «ahora sí que estoy seguro de que tengo que renunciar a mi trabajo. Estoy hablando con una persona loca que necesita estar encerrada».

Pero luego siguió hablando: «Si aprendes las lecciones de la vida, lo harás bien. Si no, la vida seguirá empujándote. La gente hace dos cosas. Algunos simplemente dejan que la vida los empuje. Otros se enojan y retroceden. Pero rechazan a su jefe, a su trabajo, a su esposo o esposa. Ellos no saben que es la vida la que los está empujando».

Esa fue la primera vez que mi padre rico me señaló eso, aunque lo repitió muchas veces a lo largo de mi educación.

Esta fue la primera conversación real que tuvimos.

Continuó…

“Algunas personas se dan por vencidas y otras luchan. La mayoría se rinde y algunos, como tú, pelean. Si aprendes esta lección, te convertirás en un joven sabio, rico y feliz. Si no lo haces, pasarás tu vida culpando a un trabajo, a un salario bajo o a tu jefe por tus problemas. Vivirás la vida siempre esperando esa gran oportunidad».

Mi padre rico me miró para ver si todavía estaba escuchando. Sus ojos se cruzaron con los míos. Finalmente, aparté la mirada una vez que había asimilado su mensaje.

Mi padre rico continuó: «también puedes ser el tipo de persona que se rinde cada vez que la vida lo empuja, y en ese caso vivirás toda tu vida a salvo. Pero entonces mueres como un viejo aburrido. En el fondo, tú y solo tú sabrás que no lo intentaste».

Nuestros ojos se encontraron de nuevo.

«¿Me has estado empujando?», pregunté.

«Algunas personas podrían decir eso», sonrió mi padre rico. «Diría que te di un poco de sabor de la vida».

«¿Qué sabor de la vida?», pregunté, todavía enojado.

“Cuando Mike me dijo que querías aprender a ganar dinero, pensé en diseñar un curso que reflejara la vida real. Y podría hablar hasta que tuviera la cara azul, pero no escucharías nada. Así que decidí dejar que la vida te empujara un poco para que pudieras oírme. Por eso solo te pagué 10 centavos».

«Entonces, ¿cuál es la lección que aprendí de trabajar por solo 10 centavos?», pregunté, “¿qué pagas poco y explotas a tus trabajadores?».

Mi padre rico se echó hacia atrás y se rio con ganas. Finalmente dijo: «Si crees que yo soy el problema, entonces tienes que cambiarme. Si te das cuenta de que tú eres el problema, entonces puedes cambiarte. La mayoría de la gente quiere que todos los demás en el mundo cambien. Déjame decirte que es más fácil que cambies tú que todos los demás».

«No entiendo», le dije.

«No me culpes por tu problema», dijo el padre rico.

«Pero tú eres el problema.»

«Bueno, mantén esa actitud y no aprenderás nada. Mejor mantén la actitud de pensar en qué opciones tienes”.

«Bueno, si no me pagas más o no me enseñas, renuncio».

«Bien dicho», dijo mi padre rico. «Y eso es exactamente lo que la mayoría de la gente hace. Renuncian y van a buscar otro trabajo, una mejor oportunidad y un salario más alto. En la mayoría de los casos no resolverán el problema».

«Entonces, ¿qué debo hacer?», le pregunté. «¿Sólo tomar estos miserable 10 centavos por hora?».

Mi padre rico sonrió. «Eso es lo que hacen las otras personas. Pero eso es todo lo que hacen. La mayoría simplemente lo acepta, y algunos aceptan un segundo trabajo, trabajando más duro».

«Entonces, ¿qué resolverá el problema?».

«Esto», dijo, inclinándose hacia adelante en su silla y golpeándome suavemente la cabeza. «Esto que está entre tus orejas».

En ese momento mi padre rico compartió un punto de vista fundamental que lo diferenció de sus empleados y de mi padre pobre, y que lo llevó a convertirse eventualmente en uno de los hombres más ricos de Hawái.

Fue un punto de vista singular que hizo la diferencia a lo largo de toda una vida.

Yo lo llamo “Lección Número Uno”…

Los pobres y la clase media trabajan por dinero. Los ricos hacen que el dinero trabaje para ellos.

A la edad de nueve años entendí que ambos padres querían que yo aprendiera. Y ambos me animaron a estudiar, pero no las mismas cosas.

Mi padre altamente formado me recomendó que hiciera lo que él hizo. “Hijo, quiero que estudies mucho, obtengas buenas calificaciones, para que puedas encontrar un trabajo seguro en una gran empresa. Y asegúrate de que tenga excelentes beneficios”.

Mi padre rico quería que aprendiera cómo funciona el dinero para poder hacerlo funcionar para mí.

En tu caso, tu educación comienza ahora.

Saludos,

Robert Kiyosaki

Lección #1: Lo primero que aprendí sobre cómo hacer dinero

  • Esta lección de riqueza de 1956 se aplica hoy, ahora más que nunca…
  • Cuando Mike y yo comenzamos nuestro primer negocio…
  • Descubre tu primera lección de Padre Rico, de la misma manera que lo hice yo…

Estoy realmente feliz de que estés del otro lado.

Este proyecto es la culminación de siete décadas aprendiendo de los millonarios y estoy realmente entusiasmado con que tantas personas estén del otro lado.

Recuerdo que cuando era niño le pregunté a mi padre: «Papá, ¿puedes decirme cómo enriquecerme?» Mi papá dejó el periódico y me dijo «¿Por qué quieres hacerte rico, hijo?»

«Porque hoy la madre de Jimmy conducía en su nuevo Cadillac, y ellos iban a su casa en la playa para pasar allí el fin de semana. Se llevó a tres de sus amigos, pero Mike y yo no fuimos invitados. Nos dijeron que no estábamos invitados porque éramos niños pobres».

«¿Te dijeron eso?» Mi papá preguntó con incredulidad.

«Sí, lo hicieron», le contesté con un tono de dolor.

Mi papá sacudió la cabeza en silencio, se colocó las gafas sobre el tabique de la nariz y volvió a leer el periódico. Me quedé esperando una respuesta.

Fue en el año 1956. Tenía nueve años. Por cosas del destino, asistí a la misma escuela pública a la que los ricos enviaban a sus hijos. Si hubiera vivido al otro lado de la calle, habría ido a una escuela diferente con niños de familias como la mía.

Después de sexto grado, estos niños y yo iríamos a la escuela intermedia y secundaria pública. No había una escuela privada para ellos ni para mí, como a la que asistían los niños ricos una vez que alcanzaban la secundaria.

Mi papá finalmente dejó el periódico. Podría decir que estaba pensando. «Bueno, hijo…», comenzó lentamente. «Si quieres ser rico, tienes que aprender a ganar dinero».

“¿Cómo gano dinero?” Pregunté.

«Bueno, usa tu cabeza, hijo», dijo, sonriendo. Incluso entonces supe que realmente quería decir: «Eso es todo lo que voy a decirte» o «No sé la respuesta, así que no me avergüences».

A la mañana siguiente, le conté a mi mejor amigo, Mike, el otro niño pobre en la escuela, lo que mi padre había dicho.

«Entonces, ¿qué hacemos para ganar dinero?«, Preguntó Mike.

«No lo sé», le dije. «Pero, ¿quieres ser mi socio?»

Aceptó, y ese sábado por la mañana, Mike se convirtió en mi primer socio. Pasamos toda la mañana con ideas sobre cómo hacer dinero. Con el tiempo, una idea cayó. Fue una idea que Mike obtuvo de un libro de texto de ciencia. Emocionados, estrechamos nuestras manos y empezó un negocio.

Durante las siguientes semanas, Mike y yo corrimos por nuestro vecindario, tocando puertas y preguntando a nuestros vecinos si nos guardarían sus tubos de pasta de dientes. Con miradas desconcertadas, la mayoría de los adultos consintieron con una sonrisa. Cuando se nos preguntó qué estábamos haciendo, respondimos: «No podemos decirle. Es un secreto comercial».

Finalmente, mi mamá se interpuso. La vista de cientos de pastas dentífricas arrugadas y usadas en su casa la afectó. «¿Qué están haciendo chicos?», Preguntó ella. «Y no quiero volver a escuchar que es un secreto comercial. Haz algo con este lío, o voy a tirar todo a la basura».

Mike y yo rogamos y suplicamos, explicando que pronto comenzaríamos la producción y las sacaríamos de allí. Mamá nos concedió una extensión de una semana.

La fecha para comenzar la producción se postergó unos días más, y la presión estaba en aumento.

Habíamos puesto mucho esfuerzo y pensado en cada detalle de este plan de negocios.

El día en que comenzó la producción, mi padre fue con un amigo para ver como dos niños de nueve años comenzaban un negocio. Cuando mi padre preguntó que estábamos haciendo, le dijimos la verdad: «Estamos haciendo dinero».

¿Cómo hacíamos dinero? De una forma literal. Usábamos los tubos de las pasta de dientes, que en ese momento eran de plomo, para hacer monedas.

El amigo de mi papá se echó a reír. Mi papá sonrió y diciendo que “no” con la cabeza, nos pidió que lo dejáramos lo que estábamos haciendo. Entonces nos sentamos con él en el escalón principal de la entrada de nuestra casa. Y con una sonrisa, explicó sutilmente lo que significa la palabra «falsificación».

Nuestros sueños fueron frustrados.

«¿Quieres decir que esto es ilegal?», preguntó Mike con voz temblorosa.

«Sí, es ilegal», dijo mi padre con suavidad. “Pero ustedes, muchachos, han demostrado una gran creatividad y pensamiento original. Sigan adelante. ¡Estoy realmente orgulloso de ustedes!».

Decepcionados, Mike y yo nos sentamos en silencio durante unos veinte minutos antes de que empezáramos a limpiar nuestro desorden. El negocio terminó el día de su apertura. Barriendo el polvo, miré a Mike y dije: «Supongo que Jimmy y sus amigos tienen razón. Somos pobres.»

Mi padre acababa de irse cuando dije eso. «Chicos», dijo. «Solo eres pobre si te rindes. Lo más importante es que hiciste algo. La mayoría de la gente solo habla y sueña con hacerse rico. Pero tú al menos ya has hecho algo. Estoy muy orgulloso de ustedes dos. Lo diré de nuevo: sigue adelante. No renuncies».

Mike y yo nos quedamos en silencio. Eran palabras bonitas, pero aún no sabíamos qué hacer.

«Entonces, ¿por qué no eres rico, papá?«, Le pregunté.

“Porque elegí ser maestro de escuela. Los maestros de escuela realmente no piensan en ser ricos. Simplemente nos gusta enseñar. Me gustaría poder ayudarte, pero realmente no sé cómo ganar dinero».

Mike y yo nos dimos vuelta y comenzamos a limpiar nuestro fracaso y desorden.

Una de las razones por la cual los ricos se hacen más ricos, los pobres se vuelven más pobres y la clase media lucha por no endeudarse es que la educación financiera se enseña en el hogar y no en la escuela. La mayoría de nosotros aprendimos sobre el dinero de nuestros padres. Y la mayoría de los padres eran como mi padre biológico.

¿Y qué pueden decirle los padres pobres a sus hijos sobre el dinero? Simplemente dicen: “Quédate en la escuela y estudia mucho”. El niño puede graduarse con excelentes calificaciones, pero con la mentalidad financiera de una persona pobre.

Lamentablemente, y para disgusto de Mike y mío, cómo hacer dinero no se enseña en las escuelas, así que, sin tener idea de por dónde empezar, tratamos de ser creativos. Y aun así, eso no estaba bien.

Pero mi padre era lo suficientemente consciente de sí mismo como para saber que no tenía las respuestas que queríamos en ese momento. Y también sabía dónde señalarnos dónde encontrarlas. Él nos dijo: «Si ustedes quieren aprender a ser ricos, no me pregunten. Habla con tu papá, Mike”.

«¿Mi papá?» Mike preguntó con incredulidad.

«Sí, tu papá», dijo mi padre. «Él y yo tenemos el mismo banquero y elogia a tu padre cada vez que voy al banco. Me ha dicho varias veces que tu padre es brillante cuando se trata de ganar dinero».

«Tu papá es diferente a mí, Mike. Parece que está construyendo un imperio, y sospecho que dentro de unos años será un hombre muy rico».

Todavía no lo sabía, pero esta era la primera vez que escuchaba algo sobre mi futuro padre rico, el hombre que me enseñaría las habilidades que necesitaría para lograr todo lo que tengo hoy.

Usando sus lecciones, he podido construir la exitosa compañía Padre Rico…

Tomar decisiones de inversión educadas de alto riesgo a lo largo de mi vida…

Comprender la diferencia entre activos y pasivos…

Y, junto con la ayuda de mi esposa Kim, crear un imperio de bienes raíces que nos proporciona un flujo de efectivo libre de impuestos año tras año.

Ahora queremos compartir lo que hemos aprendido contigo y el resto que se haya suscripto a El Diario de Padre Rico, Padre Pobre.

Publicaremos de lunes a viernes. Cada día, compartiré mis lecciones contigo paso a paso, de manera simple y clara.

Al igual que mi padre rico me enseñó a mí.

Saludos,

Robert Kiyosaki