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Mito #6: «Tu casa es un activo»

Hoy hablaremos de uno de los mitos con mayor credibilidad y sin duda, uno de los que te hace más pobre cada día.

 Por Robert Kiyosaki

Querido lector,

¿Cuántas veces escuchaste a los “expertos” financieros decir: «tu casa es tu mayor activo»? Seguramente muchas.

Una de las verdades que plasmé en Padre Rico, Padre Pobre, es que tu casa es un pasivo.

Hice hincapié en que son caras y que no siempre ganan valor.

En el libro escribí lo siguiente: «no estoy diciendo que no compres una casa. Mi punto es que debes entender la diferencia entre un activo y un pasivo… Cuando quiero una casa más grande, primero compro activos que generarán el flujo de ingresos necesario para luego adquirir la vivienda en cuestión».

Al decir esto, sacudí el avispero. Los autodenominados expertos me criticaron.

Para entonces, el mercado inmobiliario se estaba disparando. Todos me llamaban contrario, y que mi intención con mi postura era únicamente vender libros. Luego, llegó 2008 y después de una de las peores crisis inmobiliarias de la historia de Estados Unidos, ya nadie se reía de mis palabras.

Este es el sexto mito de la lista de engaños identificados por mi Padre Rico, sobre los que venimos hablando en los últimos días.

Hoy, te contaré acerca de uno de los más grandes (al menos en tamaño): “tu casa es un activo”.

Dinero entra, dinero sale
Tanto un planificador financiero, como los agentes de bienes raíces y los contadores se refieren a las viviendas como activos.

Pero en realidad, un activo es algo que genera dinero y lo pone en tu bolsillo.

Si tienes una casa en alquiler, entonces sí es un activo. Si tienes una casa, ya sea comprada o no, en la que vives, entonces no puede ser un activo.

En lugar de ingresar dinero a tu bolsillo por ella, el dinero sale.

Esa es la definición de un pasivo.

Esto es doblemente cierto si aún no eres propietario. Entonces es el activo del banco, está trabajando para ellos y tú no estás ganando nada con ello.

Entonces, ¿qué es un activo?
En términos comerciales, los activos son tus pros y los pasivos son tus contras. Necesitas activos para compensar tus pasivos.

Una vez que te alejas de los mitos establecidos por los ricos y que están tan arraigados en la sociedad, es más fácil pensar en esos términos, es decir, pensar como un empresario.

Pero, ¿qué son exactamente los activos?

Una definición simple de un activo es como dijimos antes, algo que genera dinero y lo pone en tu bolsillo o tu cuenta.

Esto se logra a través de cuatro categorías diferentes, y el real estate constituye una de ellas. No me refiero a tu vivienda que, repito nuevamente, es un pasivo.

Me refiero a una inversión en bienes raíces, que es una gran inversión porque lleva dinero a tus bolsillos todos los meses, a través de un alquiler.

Entonces, los restantes tres tipos de activos fundamentales son:
– Negocios

– Activos en papel

– Y los commodities.

Si eres empresario o propietario de un negocio, tu negocio es un activo.

Los activos de papel son acciones, bonos, fondos mutuos, etc.

Y los commodities básicos incluyen oro, plata y cualquier otro recurso físico como el petróleo y el gas.

Mi esposa y yo comenzamos a ganar nuestro dinero en bienes raíces, poniendo nuestro dinero a trabajar en propiedades que podíamos alquilar para percibir rendimientos constantes. Después de eso, nos diversificamos, por lo que actualmente tenemos algo de dinero en todas estos cuatro tipos de activos.

Cuando un asesor te dice que te diversifiques en, digamos, fondos mutuos y acciones de diverso alcance…

Eso no es realmente diversificarse. Porque si el mercado se desploma, te ves afectado sin importar en qué fondo mutuo o acción estés posicionado.
Invertir para generar flujo de ingresos
Como mencioné antes, cuando escribí Padre Rico, Padre Pobre el mito de que tu casa es un activo gozaba de más credibilidad que nunca.

Estamos hablando de 1997, época para la que el precio de los inmuebles de todo el mundo no paraba de subir.

En ese contexto, era fácil asumir que tu casa era un activo, ya que a la larga podías generar dinero a través de la apreciación de la vivienda en cuestión.

Lógicamente, la gente se comió la mentira por lo que todos estaban como locos solicitando préstamos hipotecarios para comprar incluso autos, pagar vacaciones y demás.

Luego, con la crisis de 2008, esas mismas personas estaban hasta el cuello con las deudas a tal punto que las tasas de incumplimiento en los pagos de los créditos hipotecarios se elevaron a 10%. Para que te des una idea, en 2018 estas tasas de incumplimiento se ubicaron en 0,5%.

Cuando el quiebre financiero se desató y fuimos testigos de las consecuencias, la mayoría de las personas no estaba de acuerdo con la idea de que su vivienda era un activo y menos si formaban parte de ese increíble 10%. Del que hablamos. Pero ahora, nos encontramos nuevamente ante un mercado inmobiliario en auge… Al menos acá en Estados Unidos.

Muchos ciudadanos locales se educaron de mala y apresurada manera en términos financieros, cuando el mercado inmobiliario dio un giro de 180 grados. Tuvieron que darse cuenta por las malas de que sus casas no eran activos.

¿Tu casa como pilar en tu plan de retiro?
Por supuesto, también existe la noción de que adquirir una vivienda es un derecho cultural de paso.

Muchas personas sueñan con el día en el que les entreguen las llaves que abran la puerta de su hogar, imaginando la alegría que vendrá con el logro monumental de asumir cientos de miles de dólares en una deuda personal.

Claramente estoy bromeando.

La realidad es que muchas personas desean comprar una casa porque piensan que es una buena inversión. Y en muchos casos, los propietarios estas viviendas esperan que las mismas jueguen un rol importante en su plan de retiro, como fuente de dinero.

Por ejemplo, una publicación de hace un par de años de Rob Carrick para el periódico canadiense The Globe and Mail señalaba “un estudio reciente encargado por la Oficina de Inversores de la Comisión de Valores de Ontario, las cuestiones relacionadas con el retiro encabezaron la lista de preocupaciones financieras de los residentes que tenían 45 años o más. Tres cuartas partes de las 1.516 personas en la encuesta tienen propia casa. Dentro de este grupo, el 37% dijo que cuenta con aumentos en el valor de su hogar para asegurar su retiro».

El sentimiento, estoy seguro, es el mismo aquí en Estados Unidos y en muchos países del mundo.

El origen del mal asesoramiento financiero
Mi padre rico creía que las personas tienen problemas financieros por tomar decisiones heredadas de sus padres, y la mayoría de las personas no proviene de familias financieramente sólidas.

A menudo, mi padre rico decía que la mayoría de los malos consejos financieros provienen de la familia, razón por la cual soy un defensor de la educación financiera en el hogar.

Por supuesto, para la mayoría de las personas, el asesoramiento financiero comienza en el hogar con reglas antiguas como ir a la escuela, obtener un buen trabajo, ahorrar dinero, comprar una casa e invertir a largo plazo en una cartera diversa de acciones, bonos, y fondos mutuos; y no pare de contar.

Muchas personas también siguen los malos consejos de sus padres y a medida que crecen, mezclan estas ideas erradas con las de los asesores financieros.

Muchos asesores financieros te dirán que tu casa es un activo, pero eso no es cierto. El hecho es que cuando estos individuos dicen esto, en realidad no mienten, pero tampoco están diciendo toda la verdad. Si bien tu casa es técnicamente un activo, simplemente no te están explicando lo que es un activo realmente.

Tu casa no es tu activo
Si te fijas con detenimiento un extracto bancario, te darás cuenta sin problema que el flujo de ingresos que proviene de tu casa se lo quedan otros y no tú.

La mayoría de las personas no son propietarias de una vivienda… sino de una hipoteca.

Aquellos que tienen educación financiera entienden que una hipoteca no aparece en la columna de activos de un estado financiero. Se muestra como un paso. Pero sí aparece en el balance de tu banquero como un activo, a medida que pagas los intereses bancarios cada mes.

Recuerda la definición de un activo establecida por mi padre rico, «cualquier cosa que genere dinero y lo ponga en tu bolsillo es un activo. Por el contrario, un pasivo es cualquier cosa que saque dinero de tu bolsillo».

Solo analiza tu extracto bancario cada mes y verás que tu casa no te genera dinero, sino todo lo contrario.

Esto es cierto incluso si no tienes deudas por la adquisición de tu vivienda. Incluso después de haber pagado tu hipoteca, todos los meses tienes que pagar por los costos de mantenimiento, impuestos y servicios públicos. Y si no pagas tus impuestos a la propiedad o las cuotas de tu préstamo inmobiliario, ¿adivina qué puede pasar? Podrías perder tu casa.

Entonces, ¿quién es el dueño de tu vivienda realmente?

No compres en una mentira
¿Estoy diciendo que no compres una casa?

No. Yo mismo tengo una vivienda propia, pero no la compré como un activo ni la consideré una inversión. Ls compré porque quería vivir en ella y estaba dispuesto a pagar por el privilegio de hacerlo.

¿Podría apreciarse en valor? Tal vez. Pero también podría perder dinero al final. Realmente no me importa.

Lo que estoy diciendo es que no compres una casa y pienses en ella como un activo o una inversión.

Eso es simplemente una mentira. Desafortunadamente, esa mentira continúa perpetuándose en Estados Unidos y en todo el mundo. Y hasta que finalmente pierda credibilidad, continuaremos presenciando al auge y caída en la comercialización de la vivienda.

La diferencia entre mi padre pobre y mi padre rico fue la educación financiera. Y eso no se refiere a educación en el aula o de los libros Se trata una educación callejera sólida; una forma de ver el dinero real y efectiva. No una mentira que los ricos quieren que creas.

Le temo a los mercados en auge. Me temo que lo que sucedió antes volverá a suceder antes de lo que todos piensan.

Así que juega inteligente. Puedes ganar dinero sin importar en qué dirección vaya el mercado.

En lugar de invertir para obtener una apreciación, mi padre rico me enseñó a invertir para generar flujo de ingresos y tomar la apreciación como la frutilla sobre el postre.

Te desafío a que hagas lo mismo.

Saludos,

Robert Kiyosaki

Mito #3: «Trabaja duro y tendrás tu recompensa»

No necesitas esforzarte demasiado en un empleo que no disfrutas para tener libertad financiera. El truco está en hacer que el dinero trabaje por ti.

Por Robert Kiyosaki

Querido lector,

La palabra “estafa” y “engaño” son sinónimos.

“Engaño” es la abreviatura de confianza en inglés. Un estafador solo puede engañarte si confías en él.

Al hablar sobre los mitos y engaños descubiertos por mi Padre Rico, una de las cosas más difíciles de comprender es que a muchos de nosotros se nos ha enseñado a creer con convicción y confianza que estos mitos son ciertos.

Además, el engaño comenzó cuando éramos tan jóvenes que nunca tuvimos la oportunidad de pensar de manera diferente.

Esa es la diferencia entre pensar como mi padre pobre, quien hizo lo que se le dijo y murió en su pobreza, y pensar como mi padre rico, que recibió educación financiera y se enriqueció en función de la comprensión de estas ventajas.

Uno de los engaños más grandes identificados por mi padre rico es que, si trabajas duro, serás recompensado.

No trabajes duro
Mi padre pobre trabajó duro toda su vida. Fue al colegio porque le dijeron que lo hiciera. Consiguió un trabajo porque le enseñaron que eso era lo que tenía que hacer.

Trabajó duro porque supuso que eso era lo que tenía que hacer. Sin embargo, tuvo problemas financieros toda su vida y, a menudo, era infeliz.

Cuando hablaba de trabajo duro, a mi padre rico le gustaba usar una historia de Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain como ejemplo.

En la historia, Tom engaña a los niños de su vecindario con un trabajo. El trabajo en cuestión es pintar una cerca, y hace que parezca tan divertido que todos los otros niños le ofrecen pagarle para hacer ellos el trabajo.

Mi padre rico solía decir “En lugar de trabajar duro es mejor trabajar inteligentemente. El trabajo inteligente consiste en lograr que otros no solo laboren para ti sino que también quieran esforzarse en ello. El trabajo inteligente lleva a que el dinero trabaje por ti y no al revés”.

Porqué trabajar duro no funciona
Parece una simple ecuación matemática: esfuerzo = recompensa.

Trabajas duro, ganas más, obtienes más por tu esfuerzo y parece lógico que las cosas funcionen así. Puede que en alguna época pasada, así haya sido.

Pero ahora, existen dos problemas.

El primero es que como mencionamos cuando hablamos del Mito #2: «Necesitas un trabajo» si eres un empleado, trabajar más duro puede darte más dinero, pero también significa que tendrás que pagar más impuestos. Así que al trabajar más duro puedes ser castigado financieramente.

El segundo problema es que estás trabajando duro por algo en particular: el dinero. Y ese dinero vale menos con el paso de los días.

Durante el siglo XXI, el ingreso promedio teniendo en cuenta la inflación ha caído. Y sigue cayendo. Si vienes trabajando desde hace diez años, el dinero que estás ganando ahora vale menos que antes.

Eso probablemente signifique que aunque ahora ganes más en términos de una cifra mayor, en lo que a valor se refiere estás ganando lo mismo o incluso menos de lo que ganabas hace unos años.

En lugar de trabajar duro por dinero, debes actuar inteligentemente haciendo que el dinero trabaje duro por ti.

Eso es lo que hacen los ricos.

Trabaja de manera distinta
Existen dos tipos de “trabajo”. El primero es el que no quieres hacer.

Solo haces ese trabajo porque sabes que si no lo haces algo malo sucederá. Ejemplo de este tipo de trabajo incluyen:

• Vas a trabajar todos los días porque si no lo haces, perderás tu empleo y no tendrás dinero para cubrir tus necesidades básicas.

• Lavas la ropa porque si no lo haces no tendrás ropa limpia para salir a la calle y la gente pensará que no eres civilizado.

• Comes alimentos que no te gustan porque si no lo haces tu salud y tu apariencia sufrirán.

Podría seguir dándote ejemplos pero estoy seguro de que entendiste lo que quiero decir.
El segundo tipo de trabajo es el que sí quieres hacer. Lo haces porque es significativo, satisfactorio e interesante. El trabajo que disfrutamos nos da un sentido de propósito, nos desafía y aflora nuestra pasión. Te comparto algunos ejemplos de trabajo que a mi esposa Kim le encanta hacer:

• Voluntariado de caridad en alguna organización con la que te identifiques.

• Dedicar tiempo de tus fines de semana a tus hobbies.

• Ofrecer voluntariamente tus servicios como agente de viajes familiar para hacer posible una reunión especial con tus seres queridos.
Si tuvieras que agrupar todo el trabajo que haces en una categoría u otra, ¿qué lista sería más larga?

Lo más probable es que, si pasas la mayor parte del tiempo haciendo un trabajo que no quieres hacer, te sientas atrapado, resentido e infeliz. Si dedicas mucho de tu tiempo al trabajo que quieres hacer, es probable que te sientas lleno de energía, satisfacción y felicidad.

El objetivo de llegar a ser financieramente independiente no es dejar de trabajar, sino cambiar nuestros esfuerzos del trabajo que no nos gusta, por el que sí.

La mayoría de las personas sobrelleva duramente la semana hasta que llega el viernes porque odian su trabajo. Una vez que se termina el fin de semana, vuelven a sentirse miserables porque saben que tienen cinco días de trabajo por delante.

Todos lo sabemos. Probablemente la mayoría sienta eso.

Es una mala forma de vivir, ¡pero no es la única!

Simplemente hemos estado condicionados a pensar que sí lo es.

Como la mayoría de los empresarios, trabajo casi las 24 horas del día, los 7 días de la semana, pero eso no me hace sentir mal, y ciertamente no se siente como un trabajo.

Es más como un juego que me encanta.

Es desafiante. Es divertido. Es gratificante.

Si eso te parece atractivo, el primer paso para llegar allí es reconocer el «trabajo duro» como el engaño que es.

Deja de trabajar duro para los demás y comienza a trabajar inteligentemente para ti.

Juega inteligente,

Robert Kiyosaki

Mito #2: «Necesitas un trabajo»

Hoy seguiremos abordando la serie de mitos que te hacen más pobre sin darte cuenta, identificados por mi padre rico. En esta oportunidad hablaremos sobre la trampa laboral.

Por Robert Kiyosaki

Querido lector,

Vayamos directo al grano…

El martes pasado, hablamos de los engaños y mitos con los que nos topamos a diario, estemos conscientes de ello o no.

Algunos de estos engaños son realmente difíciles de detectar, incluso imposibles de reconocer para algunas personas.

De mi padre rico, aprendí a cultivar mi inteligencia financiera.Él me enseñó a detectar estafas, y a evitar ser engañado. Sin inteligencia financiera, puede ser muy fácil dejarse caer en principios falsos, especialmente los que son utilizados por los ricos para que los pobres sigan en su lugar.

Para derribarlos, por lo general necesitas que alguien más te advierta que estás siendo engañado, que te diga que estas siendo estafado y qué puedes hacer al respecto.

El martes, te expliqué cómo el sistema educativo universitario te ha estado estafando toda tu vida y se presenta como el Mito #1 identificado por mi padre rico.

Hoy, vas a descubrir por qué «conseguir un trabajo» es un mito aún mayor.

«Necesitas un trabajo»
Cuando era joven, mi padre pobre siempre me decía que tenía que ir a la escuela para poder conseguir un buen trabajo. Para mi padre pobre, conseguir un buen trabajo era lo más importante en la vida.

Él trabajó muy duro. Y siempre le preocupaba el dinero. Sin embargo, nunca pudo salir adelante. Su empleo fue una de las cosas que realmente le impidió tener éxito. Se esforzó por trabajar para otros, a menudo obtenía aumentos solo para vivir el día a día y pagaba un alto porcentaje de impuestos al gobierno.

Mi padre rico, por otro lado, nunca tuvo un trabajo «real», y de igual manera, fue rico y exitoso.

Mi padre rico entendió que la necesidad de «conseguir un trabajo» es un mito.

En lugar de conseguir un trabajo, creó trabajos. En lugar de trabajar para otra persona, él trabajó para sí mismo. En lugar de pagar impuestos altos, usó el código impositivo para enriquecerse.


Cómo funciona esta trampa 

Esta es una estafa masiva porque te hace cada vez más pobre, especialmente si tienes un trabajo bien remunerado, porque pagas más en impuestos.

¿Y adivina quién no paga impuestos altos?

El propietario del negocio para el que trabajas. Este engaño es aún peor cuando lo analizas a largo plazo. Si te va bien en su trabajo y escalas posiciones, ¿cuál es tu recompensa? Un pequeño aumento del salario y un mayor aumento en los impuestos.

Las cosas son aún peor si trabajas por tu cuenta. Pagas los impuestos más altos que existen en forma de impuestos por trabajar de manera autónoma.

La única forma de evitar esto es ser el propietario de una gran empresa o ser un inversor, para que tu dinero trabaje ti.

Así es cómo los ricos trabajan y viven.

El sistema está diseñado para beneficiar a los ricos, con el propósito de que puedan conservar su dinero mientras se aseguran de que TÚ sigas pagando impuestos.

La estafa de los impuestos

Cuando te das cuenta de que los impuestos son una manera de mantenerte pobre, entiendes que esta mentira es realmente una extensión del primer mito identificado por mi padre rico“Ir a la universidad es la única opción”.

En la escuela, aprendes a ser un buen empleado, te enseñan que si trabajas duro puedes tener éxito. Pero en realidad, no puedes, no en esos términos.

El gobierno otorga beneficios fiscales a las personas que identifica como generadores de empleo: empresarios y dueños de grandes negocios.

Quieren que el sector privado desarrolle bienes raíces, cree empresas y genere riqueza. El gobierno premia a los ciudadanos así. A cambio, este espera que los empleados paguen impuestos que cubren aspectos como el seguro médico y social.

Al gobierno le encantan las bajas tasas de desempleo por una gran cantidad de razones, y «hacer que el país trabaje» le ayuda mucho más de lo que ayuda al trabajador.

Algunas personas sostienen que los empleadores pagan estos impuestos también, pero en realidad, lo que están haciendo es usar dinero que de otra manera emplearían para pagar su parte de los impuestos.

Falsa seguridad 

La idea de que un trabajo es fundamental para tu seguridad personal también es parte importante de todo este engaño.

La realidad es que tener un trabajo no te da seguridad. Retrocede un poco en el tiempo y piensa en la vida hace una década: el desempleo rondaba el 10% (en Estados Unidos), las personas eran despedidas en todo el país y vivían en lo que ahora llamamos la Gran Recesión.

En una economía donde las personas están perdiendo sus empleos, la posición más segura es poseer, o al menos tener una participación en, la compañía que despide a las personas. Y si la historia nos dice algo, siempre estamos a tan solo días de una próxima crisis. Todos pueden ser despedidos. Excepto los individuos que son dueños de las empresas que despiden a los empleados.

Aléjate de la corriente 

Mi padre pobre, al igual que la mayoría de las personas, fue condicionado y educado desde el día en que nació para ser empleado.

Mi padre rico se alejó de ese pensamiento y fue un empresario. Puso su dinero a trabajar. Estaba del lado de los ricos, el lado protegido por el gobierno.

Pero, ¿cómo llegar allí?

La primera respuesta es simple: cultivando tu educación financiera y comenzando a pensar como un empresario en lugar de un empleado.

Cuando haces eso, dejas “la carrera de ratas”. Te das cuenta de que todo lo que te han enseñado sobre cómo obtener un trabajo y encontrar el éxito de esa forma es una mentira, entiendes que existe otra manera, y es una que realmente funciona y también te da una vida mejor.

Y ese es el secreto que los ricos no quieren que sepas.

Saludos.

Robert Kiyosaki

Derribando los mitos que te hacen más pobre y no lo sabías

A partir de hoy, vamos a revisar una serie de mitos desmentidos por mi Padre Rico que obstaculizan tu éxito financiero, comenzando por la idea de que la universidad es clave para ser exitoso financieramente.

Por Robert Kiyosaki

Querido lector,

Existen muchos tipos de timadores en el mundo. Muchas veces podemos detectarlos, como en el caso de esos correos electrónicos que nos prometen millones si simplemente proporcionamos nuestros números de cuenta bancaria. A veces no caemos en cuenta de estas trampas hasta que es demasiado tarde o se vuelven demasiado obvias (como sucedió con Bernie Madoff).

Pero a veces no sabemos que estamos siendo víctimas de una estafa. Nunca encontramos la respuesta a por qué desde pequeños hemos estado condicionados a pensar que algo preestablecido representa el mejor modo de vivir.

Durante las próximas semanas, recibirás una serie de ediciones especiales de PadreRico Diario centradas en los ocho mitos identificados y desmentidos por mi padrerico.

En ese sentido, profundizaremos en estas trampas que la mayoría de las personas desconoce.

El primer engaño que abordaremos está relacionado con la educación superior.

El mito «Escuela = Éxito»
Cuando era joven, mi padre pobre siempre me decía que el mejor camino para el éxito era ir a la escuela. Para él, esa era la mejor manera de conseguir un buen trabajo. El problema era que mi padre pobre era una de las personas más educadas que conocía, pero siempre se quejaba del dinero y de lo infeliz que estaba con su trabajo.

Mi padre rico, por otro lado, no tenía un título universitario. Sin embargo, era muy adinerado y exitoso.

Mi padre rico me decía: «La escuela te enseña a ser un empleado. Si quieres ser rico, no cuentes con la escuela».

Entonces, desde una edad muy temprana, aprendí que la idea de que la educación superior es clave para el éxito era una de los mitos más grandes que existe.

Es por eso que la educación superior es la primera de las trampas identificadas por mi padre rico.

Ir a la escuela no te hace (financieramente) inteligente

Debido a que soy sincero cuando opino en contra del sistema escolar, a menudo me acusan de estar en contra de la educación. Nada más lejos de la verdad. Pero «ir a la universidad» es una de esas cosas que las personas señalan como el camino hacia el éxito sin siquiera detenerse a pensar si es cierto.

El mito de que la escuela te hará exitoso se dice en todas partes y todo el tiempo.

Lo que te hará exitoso no es ir a la escuela sino la educación financiera: aprender cómo funciona el dinero y cómo hacer que éste trabaje para ti es lo que te hará exitoso y, desafortunadamente, no puedes aprender eso en la escuela.

Cuando se trata de dinero, ir a la escuela no te ayudará a ser más inteligente.

Entendiendo el valor

Esto no significa que la educación no sea importante.

La educación básica que recibes en tus primeros 12 años escolares es importante para todo lo que viene después. Y si quieres ser profesor, abogado o médico, obviamente tendrás que ir a la universidad.

Pero lo que no aprenderás en la escuela es cómo funciona el dinero. La educación, particularmente en Estados Unidos, no enseña a los estudiantes cómo vivir o ser autosuficientes. Por el contrario, nos enseña a ser empleados en lugar de nuestros propios jefes. Nos hace trabajadores en lugar de innovadores.

Esa es una gran razón por la que llamamos a la escuela un mito de mi padre rico.

De hecho, los ricos se valen de la escuela para que los pobres sigan siendo pobres.

Diferentes tipos de inteligencia

Uno de los aspectos más negativos de la escuela es que reconoce solo un tipo de inteligencia: la inteligencia de los libros.

Si no eres inteligente en este sentido, se te etiqueta como estúpido de inmediato.

En mis épocas de estudiante de primaria y secundaria, no era lo suficientemente inteligente. Pero tampoco era estúpido. Solo me interesaban cosas diferentes. Y me aburría. Por ejemplo, ¡Nadie podría decirme cuándo voy a usar los conocimientos que se adquieren en cálculo, en la vida real! Sin embargo, lo que sí me decían era que obedeciera y aprendiera. Me estaban entrenando para ser un empleado.

Mi padre rico tampoco era un genio de los libros. Sin embargo, era muy inteligente.

Tenía la inteligencia de la calle, que utilizó para hacerse muy rico.

La escuela no te enseña a ser inteligente en la vida. Tuve que aprender eso de mi padre rico. Mi padre pobre pensaba que la escuela era increíblemente importante, y de hecho, él sí era muy inteligente en materia de libros.

Pero, ¿qué logró con ello? Tuvo problemas financieros la mayor parte de su vida.

Esa es otra razón por la que considero que la necesidad de la educación superior es un mito identificado por mi padre rico. Los llamados “expertos” te dicen que lo necesitas… lo que es importante. Pero en realidad lo que ellos consideran fundamente no te sirve sino para convertirte en un buen empleado.

«¡Pero yo estudié finanzas en la universidad!»

Tom Wheelwright, el asesor de impuestos de mi padre rico, fue a la escuela para ser contador y sus calificaciones eran excelentes. Pero mientras estudiaba la carrera, no recibió educación financiera práctica.

Aprendió lo que se necesitaba para hacer un trabajo pero no cómo administrar con éxito sus propias finanzas. ¡Y fue a la escuela para aprender sobre el dinero!

La gente a menudo dice que aprendió sobre finanzas o dinero en la escuela. Y puede que hayan aprendido a armar una hoja de balance pero eso no significa saben cómo funciona el dinero.

Y esto no es así por accidente, es una trampa.

Los ricos utilizan la escuela con el propósito de capacitarnos para ser buenos empleados. Así, nos dicen lo que tenemos que hacer y somos recompensados por cumplir con ello.

La transición de la universidad a una empresa es muy simple: recibes órdenes y eres recompensado por seguirlas en ambos lugares. Y eso nos lleva a confiar y dejar todo en manos del gobierno y los banqueros ricos que manejan nuestro dinero.

Los ricos utilizan la educación para enriquecerse y hacerte pobre, y cuando te das cuenta de eso, ya no es difícil visualizar por qué es una trampa.


Piensa por ti mismo

Las personas que caen en este tipo de trampas suelen ser aquellas que están condicionadas por no pensar por sí mismas.

Desafortunadamente, el primer mito de mi padre rico sobre la importancia de la educación superior, nos roba la independencia de pensar por nosotros mismos, de pensar como un empresario, un innovador y un inversor. Al contrario, nos enseña a ser dependientes.

Necesitas aprender a hablar el idioma del dinero para tener éxito. Eso requiere de educación financiera, lo que abre un mundo completamente nuevo, un mundo en el que puedes tener éxito en tus propios términos.

Nuestras escuelas no nos enseñan ese idioma.

Te enseñan lo básico, y luego te enseñan un oficio o habilidad específica, o simplemente te capacitan para ser un empleado.

Hoy, es el día de empezar a pensar por ti mismo. No caigas en la trampa de la educación superior. Comienza a trabajar en tu educación financiera desde ahora y con ellos darás inicio al viaje que te llevará hacia la libertad financiera.

¿Por qué ir a una buena escuela no equivale a tener éxito?

Cuando era niño, mi padre pobre quería que tuviera una buena educación.

«Necesitas ir a una buena escuela para poder tener un buen trabajo y tener éxito en la vida», solía decir. Para él, el éxito significaba un salario decente y la seguridad laboral.

Mi padre rico también creía en la buena educación.

«Necesitas aprender cómo funciona el dinero para lograr que éste funcione por ti», decía. Para él, el éxito era ser un empresario y un inversor inteligente.

La mayoría de los padres quieren que sus hijos tengan una buena educación y un futuro seguro.

La mayoría de los padres temen que sus hijos terminen atrapados en un empleo de baja categoría, estén subempleados, ganen salarios bajos, paguen impuestos cada vez más altos y luchen contra la inflación durante toda su vida.

Desafortunadamente, la mayoría de los padres piensan que una buena escuela ayudará a sus hijos a evitar estas cosas. Tienen la esperanza de que sus hijos se conviertan en médicos, abogados o empresarios. El problema es que ninguna de esas profesiones les ayudará a ser realmente libres en términos financieros.

La realidad es que la escuela no te hace exitoso, porque no te enseña sobre educación financiera. De hecho, muchas de las personas más exitosas de la historia obtuvieron sus logros sin haber terminado la escuela.

Para ilustrar mi ejemplo, voy a presentarte una lista de 50 personas que no terminaron la escuela y aun así tuvieron mucho éxito.

R. Buckminster Fuller – Futurista e Inventor

Fuller, o Bucky como lo llamamos, era brillante. Y lo que lo hizo brillante fue su visión única del mundo. A pesar de no haber obtenido nunca un título universitario, recibió docenas de títulos honoríficos de las mejores universidades, como Harvard, en la categoría de Doctor, por si quieres buscarlos en internet.

Además, sin una educación formal, obtuvo un reconocimiento en matemáticas y ciencias, arquitectura, geometría, ingeniería y se convirtió en educador. Mi tiempo dedicado a estudiar con Bucky me llevó a lo que soy hoy como inversor. Sus métodos predictivos de comportamiento me enseñaron a anticiparme al comportamiento del mercado.

Ray Kroc – Fundador de McDonald’s

El camino de Kroc al éxito comenzó con su talento como vendedor ambulante de máquinas para hacer milkshakes. Cuando recibió un pedido de ocho máquinas de Richard y Maurice McDonald´s, viajó a San Bernardino, estado de California, Estados Unidos, para saber por qué un lugar tan pequeño necesitaba tanta producción.

Después, Kroc se asoció con los hermanos McDonald’s como gerente de franquicia. Rápidamente se dio cuenta de que el «sistema de servicio rápido» creado por McDonald’s iba a ser una fuente de ingresos importante en la industria de las hamburguesas. Pero también entendió, gracias a su perspectiva de empresario, que el dinero real estaba en el sector inmobiliario.

McDonald’s es enormemente rentable gracias a sus productos, pero el valor de la compañía está en el alquiler de cualquier propiedad que desee abrir una franquicia. Es un movimiento comercial que no se puede enseñar en un libro de texto. Necesita de perspectiva.

Steve Jobs – Fundador de Apple

Él es el ejemplo más significativo de cómo puedes abandonar la escuela y convertirte en un millonario. Y no me gusta usar un cliché. Pero le doy el crédito que le corresponde. El hombre no era un ingeniero informático. No creó el iPod. Era solo un hombre de ideas con una perspectiva de hombre de negocios. Y su capacidad para usar lo que tenía, la inteligencia callejera, lo convirtió en un ícono. Fue un estudiante pobre toda su vida. Nuestro sistema educativo tiene una forma de obstaculizar la creatividad y la innovación.

Estos son solo tres ejemplos de personas que no necesitaron la escuela para tener éxito. Mi padre rico es uno de ellos.

Podría darte un listado de miles de ejemplos tan impresionantes como los anteriores.

El objetivo de todo esto no es sugerir que todos los niños deben abandonar la escuela, o que la escuela no es importante.

La educación es extremadamente importante.

La pregunta es: ¿Qué tipo de educación? ¿Y a dónde lo llevará esta educación? ¿Lo preparará para el futuro? ¿Asegurará su futuro financiero en un mundo cada vez más inseguro?

Esas son las preguntas que quiero que te plantees y trates de responderte.

Saludos,

Robert Kiyosaki

Cómo dar el paso para empezar a construir tu futuro financiero

Actuar en función de tu visión a largo plazo es la clave para lograr tus metas financieras.

Por Robert Kiyosaki

Querido lector,

Mi padre rico solía decir: “Si deseas ser un empresario o un inversor exitoso, debes comprender la historia del arca de Noé” Aunque mi padre rico no se veía a sí mismo como un profeta, trabajó arduamente para mejorar su habilidad de vaticinar el futuro. Mientras nos entrenaba a su hijo y a mí como potenciales dueños de negocios e inversores del futuro, a menudo nos decía:

“¿Se dan cuenta de cuanta fe le tomó a Noé decirle a su familia “Dios me dijo que se avecina una gran inundación, así que necesitamos construir un arca”? “

Luego, empezaba a reírse entre dientes y deslizaba “¿Se imaginan lo que su esposa, hijos e inversores podrían haberle dicho?”

Le habrían respondido cosas como “Pero Noé, vivimos en un desierto, aquí no llueve. De hecho, estamos en medio de una sequía. ¿Estás seguro de que Dios te dijo que construyeras un arca? Va a ser difícil juntar capital para una empresa de construcción de barcos en medio de un desierto. ¿No tendría más sentido construir un hotel, spa y campo de golf que un arca?»

Nuestro padre rico nos educó durante casi treinta años, desde que tan solo teníamos nueve años, y se esmeró en nuestra formación con el propósito de que pudiéramos llegar a ser dueños de negocios e inversores. Regularmente, usaba métodos de enseñanza muy simples, como el juego Monopoly, para que aprendiéramos los principios de la inversión.

Nuestro padre rico también usaba fábulas comunes, como la historia de “los tres cerditos”, para transmitirnos la importancia de construir refugios financieros hechos de ladrillos sólidos en lugar de paja o madera.

También recurría a historias del Antiguo Testamento como «David y Goliat», para enseñarle a su hijo y a mí el poder del apalancamiento, en este caso, el apalancamiento representado por la honda de David. Esa lección en particular, demuestra de cómo un gigante puede ser vencido por un contrincante más chico.

Al enseñarnos la importancia de tener una visión del futuro, nuestro padre rico solía decir: “Recuerden siempre que Noé tuvo visión. Pero más que visión, tuvo la fe y el coraje de actuar en función de su visión.

Muchas personas tienen visión, pero no todos tienen la fe y el valor sostenibles como lo hizo Noé, la fe y el coraje para tomar medidas en pos de su visión, por lo que su visión del futuro es la misma que su visión de hoy». En otras palabras, las personas sin fe, coraje y visión no logran ver los cambios que se avecinan, hasta que es demasiado tarde.

Un mundo diferente
Se requiere de muy poca educación financiera para aprender a ahorrar dinero. Como señalaba mi padre rico “podrías entrenar hasta un mono para ahorrar dinero”. Del mismo modo, se necesita muy poca educación financiera para diversificarse. La razón por la cual la mayoría de las personas ahorra o se diversifica al invertir, se debe a que carecen de la educación financiera necesaria para optar por otras alternativas.

De contar con esa educación financiera, podrían estar más dispuestos a aventurarse en el mundo real y encontrar un universo lleno de oportunidades y abundancia.

El punto es que, sin esa educación financiera, ahorrar dinero y diversificar sus fondos mutuos es lo más inteligente y, a menudo, lo único que pueden hacer.

Deuda buena y deuda mala
Mucha gente piensa que es de inteligente estar libre de deudas. Cuando era más joven, mi padre rico me explicó que existe un tipo de deuda buena y una mala. Él decía que “la deuda que te enriquece es buena, mientras que la mala es la que te empobrece”.

La razón por la que muchas personas piensan que toda deuda es mala y que estar libre de deudas es inteligente es que, en su mundo, el único tipo de deuda que conocen es la deuda mala. Entonces, de nuevo, en su mundo, estar libre de deudas es inteligente.

Es necesario saber la diferencia entre la buena deuda y la mala deuda si deseas tomar en serio tu educación financiera.

Cuando era joven, mi padre rico nos enseñó a pedir dinero prestado en lugar de desentendernos de la deuda. El propósito de enseñarnos a ser prestatarios era lograr estar en la capacidad de gestionar grandes transacciones financieras a futuro.

Una de las lecciones más importantes que nos enseñó fue que para adquirir el tipo de deuda que la mayoría de las personas toma, no se requiere de educación financiera.

Mi padre rico nos explicaba que “si todo lo que deseas es una deuda mala, el banco no exigirá ver tu estado financiero. Si deseas comprar una casa, automóvil o recibir una tarjeta de crédito, todo lo que requieres es una simple solicitud de crédito. Pero si deseas una deuda buena, una que te haga rico, el banco te exigirá un estado financiero. Antes de permitirte tener una deuda de este tipo, la entidad financiera verificará tus estados financieros, para saber si eres lo suficientemente inteligente como para manejar una deuda de esas características”.

Ahora entiendo y aprecio perfectamente las lecciones de mi padre rico sobre las diferencias entre estos tipos de deuda. Sé que la deuda mala viene atada a tasas de interés altas. Si una persona no tiene un estado financiero, el banco asumirá que el individuo en cuestión no posee educación financiera y, naturalmente, le cobrará tasas de interés más altas por el potencial riesgo de prestarle dinero a alguien en esas condiciones.

No obstante, si pido dinero prestado para un negocio o inversión inmobiliaria, me pedirán un estado financiero. En este caso, el banco querrá examinar mi balance financiero antes de arriesgarse a prestar dinero a una tasa de interés más baja.

Buen interés, mal interés
Lo mismo les sucede a las personas que ahorran dinero. Si no cuentas con una educación financiera sólida, el banco te pagará la tasa de interés más baja posible. Si tienes conocimientos financieros, existen muchos programas que te brindarán tasas de interés muchos más altas.

El miedo de una mente poco instruida puede ser muy costoso para las personas que desean ahorrar. Entonces, si deseas ser el capitán de un arca grande, debes saber la diferencia entre estos dos tipos de deuda, así como también la diferencia que existe entre los buenos y malos intereses.

La educación reduce el miedo
La educación financiera que recibí de mi padre rico desde los nueve años fue lo que me ayudó a disipar mi miedo a invertir. Todavía tengo miedo, pero gracias a la educación financiera y a la experiencia, pude comenzar a construir mi propia arca.

Una de las mayores y más gratas sorpresas de mi vida fue llegar a convertirme en una persona completamente independiente. Siempre pensé que cuando tuviera el dinero suficiente, podría retirarme, sentarme en mi arca y tomarme la vida con calma.

En 1994, a mis 47 años, finalmente terminé mi arca. Entonces descubrí lo aburrido que era pasar mi vida sentado en ella, lo que me impulsó a crear el juego de mesa CASHFLOW en 1996.

¡Juega inteligente!

Robert Kiyosaki

La diferencia entre “deuda buena” y “deuda pobre”

Tus problemas financieros no son culpa de tus tarjetas de crédito. La raíz de éstos es la falta de educación financiera.

Por Robert Kiyosaki

Querido lector,

Recuerdo que cuando era joven, la gente vivía en función de su salario. En la actualidad, las cosas parecen haber cambiado y las personas viven para pagar sus tarjetas de crédito.

La mayoría de nosotros sabe que millones de personasen todo el mundo se encuentran ahogándose en deudas producidas por sus tarjetas de crédito. Esto dio lugar a que muchos expertos financieros insistan repetidamente en la necesidad de “cortas tus tarjetas con una tijera” para evitar seguir incurriendo en deudas mediante su uso.

Si bien esto puede parecer un buen consejo, desde mi perspectiva se trata de una respuesta pésima y miope a un problema de mayor complejidad.

El problema real es la falta de educación financiera.

Entonces ¿Por qué no enseñamos a los niños cómo comportarse con el dinero desde que van a la escuela? Ricos o pobres, inteligentes o no tanto, todos interactuamos a través del dinero.

Si bien existen algunas escuelas que han comenzado a impartir educación financiera, parece que la mayoría de los educadores creen que el dinero no es un tema digno de ser abordado en las prestigiosas y sagradas aulas de nuestras instituciones de aprendizaje.

Hasta JPMorgan Chase & Co anunció que durante los próximos cinco años aportará USD 125 millones a aquellas organizaciones sin fines de lucro estadounidenses y en el mundo dedicadas a ayudar a las personas a ahorrar, pagar deudas y mejorar su puntaje de crédito.

«Vemos la salud financiera como la piedra angular del crecimiento inclusivo de las ciudades», manifestó la directora de innovación comunitaria de la oficina de responsabilidad social empresarial de JPMorgan Chase, Colleen Briggs, en una entrevista.

Historia del crédito
Las tarjetas de crédito no existían cuando era niño. En lugar de ello, los locales comerciales ofrecían planes de pagos a plazos. De esa manera, mi madre podía ir a una tienda de muebles, elegir el sofá que quisiera y adquirirlo bajo estos parámetros. Lo que debía hacer era poner un poco de dinero para reservar el sofá y cada día pagar una especie de cuota de la totalidad del sofá. Al terminar de pagar el total, podía llevarse el sofá a casa.

En esos años, las tiendas también ofrecían planes que se llamaban coloquialmente “compra ahora, paga mañana”. Eso significaba que mi madre podía comprar el sofá, firmar un acuerdo de pago y llevarse el sofá ese mismo día.

En la actualidad, aunque algunas tiendas siguen ofreciendo ese tipo de planes o variaciones de ellos, la mayoría de las personas opta por pagar con tarjeta de crédito. Es importante recordar que el crédito es anterior a las tarjetas de crédito.

Una industria en crecimiento
Son muchas las razones que explican el incremento de la popularidad de las tarjetas de crédito en los últimos años:

– Wall Street ha convertido la deuda en un activo.
Hoy en día, tu banco de confianza emite una tarjeta de crédito para ti y luego vende tu deuda a una empresa de la Bolsa que absorbe tus pagos mensuales con altas tasas de interés, lo que hace que tu deuda sea un activo para ellos.

En el momento en que una empresa de la Bolsa compra tu deuda, tu banco deja de tenerla en su estado financiero, lo que le permite salir a la búsqueda de más clientes de tarjetas de crédito. Esa es una de las razones por las cuales recibes tanta oferta de este producto.

– El poder adquisitivo de las divisas ha caído.
En 1971, debido a la medida implementada por el entonces presidente estadounidense Nixon, con respecto a eliminar el patrón oro (sistema monetario en el que el valor de cada unidad monetaria se fijaba en términos de una cantidad de oro concreta. Con este sistema, el emisor de la moneda garantizaba que los billetes y monedas emitidos estaban respaldados por oro), tanto Estados Unidos como otros países del mundo pasaron a tener la potestad para imprimir dinero más rápido de lo que puedes ganarlo o ahorrarlo.

En el marco de la pérdida de poder adquisitivo que ha tenido lugar con los años, en parte debido a la impresión monetaria descontrolada, es que muchas personas no ganan lo suficiente paracubrir sus gastos en una economía inflacionaria, por lo que compensan este déficit con el uso de las tarjetas de crédito en sus compras diarias.

Además, cuando los salarios suben, también suben los impuestos.

Debido a que gran parte de las monedas de los países ha venido perdiendo su poder adquisitivo, cada vez son más las personas que trabajan duramente y complementan sus ingresos con trabajos adicionales. Y ganar más dinero los lleva a tener que pagar niveles impositivos más altos.

– El costo de planificar tu retiro es mayor.
Cuando era joven, muchas personas trabajaban para una empresa que les otorgaba un plan de pensiones con los que podían cubrir sus gastos por el resto de su vida. De no tener un plan de pensiones, podrían contar con algún otro tipo de plan.

Pero todo eso ha cambiado. En la actualidad, millones de trabajadores necesitan ser capaces de poder costear su día a día, además de guardar dinero para armar un fondo del que puedan disponer cuando su vida laboral termine.

Amo las tarjetas de crédito
Claramente, destruir tus tarjetas de crédito no solventará el problema de la deuda ni te permitirá encarar de manera beneficiosa los aspectos económicos que mencioné.

En el mundo real, las tarjetas de crédito son esenciales. Sería extremadamente difícil alquilar un automóvil o hacer reservas de hotel y aerolínea sin tener una. También sería muy difícil pagar la cuenta de un almuerzo de negocios o hacer una compra a través de tu smartphone o alguna app sin una tarjeta de crédito.

En lo personal, amo las tarjetas de crédito, debido a que me permiten ser libre monetariamente ya que, sin ellas, mi vida se detendría.

Cada vez que alguien me pregunta cómo resolver el problema de la tarjeta de crédito, les digo que para combatir el fuego, debes emplear fuego y para combatir la deuda, debes valerte de deuda.

La manera de resolver mis crecientes necesidades de efectivo es profundizar en la deuda: deuda buena, no deuda pobre.

Por ejemplo, utilizo deuda, que es esencialmente dinero libre de impuestos, para invertir en bienes raíces, lo que a su vez aumenta mi flujo de ingreso. No solo no tengo que pagar impuestos sobre mi deuda, sino que tampoco tengo que pagar impuestos (o realmente pagar muy poco) sobre los ingresos de la deuda. Por lo tanto, gano más, pero pago menos en impuestos.

Obviamente que, para hacer esto, debes tener conocimiento acerca de cómo usar deuda de manera inteligente y responsable, así como de encontrar grandes inversiones que aumenten tu flujo de ingresos.

La raíz del problema
La mayoría de los expertos financieros se burlarán de mi enfoque de «luchar contra la deuda con la deuda misma». Pensarán que mi consejo está basado en una lógica defectuosa, y quizás lo sea para la mayoría de las personas. Pero te pido que te tomes un momento, y observes con detenimiento el mundo de las finanzas.

Como señalé anteriormente, el mercado puede tomar tu deuda y convertirla en su activo. Eso es lo que hacen las personas financieramente inteligentes, y es un ejemplo de por qué los individuosadinerados se hacen cada vez más ricos.

Desafortunadamente, la mayoría de las personas toma una deuda pobre y la convierten en una deuda horrible. Esto es especialmente cierto para las personas pobres y las personas con mal crédito, que solo tienen acceso a las peores formas de deuda y pagan las tasas de interés más altas.

Pero su problema no son las tarjetas de crédito, es la falta de educación financiera. Y la raíz de esa falta de conocimiento es nuestro sistema escolar y su estructura arcaica, que no está a la altura de la forma en que las personas realmente viven.

Claramente, aconsejar a las personas que destruyan sus tarjetas de crédito no resolverá el problema de la deuda excesiva en la que incurren por medio de estos plásticos. Esta práctica harán a nadie financieramente más inteligente, pero un poco de educación financiera sí podría hacerlo.

¡Juega inteligente!

Robert Kiyosaki

Supera el dilema «¡No tengo dinero!»

Hoy conocerás el camino inverso que seguí para conseguir el éxito en las inversiones y cambiará tu perspectiva sobre los negocios.

Por Robert Kiyosaki

Estimado lector,

Hace muchos años, cuando recién empezábamos nuestra carrera como inversores, Kim y yo vivíamos en Oregon, Estados Unidos. En ese momento, teníamos poco dinero y lograr cubrir nuestros gastos mensuales era toda una aventura.

Una tarde, regresábamos de un viaje de negocios que hicimos a Australia. Y apenas entramos a casa, sonó el teléfono. Era nuestro agente de bienes raíces, informándonos que nos había reservado una cita de una hora para visitar un edificio de doce departamentos. Si él no hubiese sabido de nuestro interés en el tema, le habría ofrecido la oportunidad a otro inversor de su lista.

Estábamos exhaustos después de 24 horas de viaje, pero no queríamos dejar pasar esa oportunidad.

Entonces, le confirmé que iría a verlo. Aún recuerdo las palabras que Kim dijo cuando me subía al auto, “¡No lo compres Robert!”

Por supuesto que lo hice.

“No tenemos dinero”
Cuando volví y le dije a Kim que efectivamente había comprado el edificio, quedó boquiabierta y exclamó con un dejo de tristeza “No tenemos el dinero”.

Continué diciendo que eso no era lo que importaba. Si no llegábamos a conseguir el capital necesario, no teníamos por qué comprar el edificio. Contábamos con un plazo de dos semanas para llevar a cabo los trámites pertinentes, incluso la revisión de los detalles financieros. Si no nos gustaba lo que habíamos visto, podíamos desistir de la idea. Pero de decidir continuar, debíamos tener el dinero para comprar la propiedad al cabo de esas dos semanas.

Kim terminó entusiasmada con el negocio.

Cuando tuvimos los detalles financieros en nuestro poder, le hicimos llegar estos datos a un gran amigo que era conocedor del tema y un muy un exitoso inversor inmobiliario. Después de revisar los números, se comunicó con nosotros para informarnos que quería participar invirtiendo USD 50.000, la mitad del pago inicial necesario.

Esto significaba que también sería dueño de la mitad de la inversión.

«¡Genial!», le dije. «Te llamaré mañana con más información».

“All in”
Nos encontrábamos conduciendo cuando recibimos la llamada de Drew, mi amigo, para decirnos que estaba interesado en participar. En ese momento, algo particular se apoderó de mí: una extraña sensación de euforia.

Inmediatamente le dije a Kim: «Si Drew, quien tiene toda una vida de experiencia invirtiendo en bienes raíces, piensa que éste es un buen negocio, entonces debe serlo”.

Kim asintió a lo que le decía. Luego, la miré con una sonrisa y le propuse: «Hagamos el negocio solo nosotros, pongamos el 100%”.

Era aterrador solo de pensarlo. De hacerlo, teníamos que partir de cero sin el dinero de mi amigo. No contábamos ya con sus USD 50.000… Y no teníamos dinero. Pero sabíamos que teníamos que arriesgarnos.

En las semanas siguientes, fuimos banco por banco, en todos ellos fuimos rechazados. Nos acercamos sin suerte a personas de confianza, a las que era posible pedirles dinero prestado a una tasa razonable pero tampoco tuvimos suerte.

Realizamos una revisión minuciosa de nuestras finanzas y pudimos conseguir una pequeña cantidad de dinero. Finalmente, recurrimos a nuestro negocio y se nos ocurrieron algunas ideas nuevas que nos generarían ventas adicionales de inmediato.

En tan solo tres días, pudimos acumular USD 25.000.

Como último esfuerzo, nos acercamos a un último banco, y en el momento en que habíamos perdido toda esperanza, James, el gerente de la entidad, nos felicitó:

«¡El préstamo es suyo!” fueron sus palabras. “Todo parece estar en orden con esta propiedad. Además, los he visto solo dos veces y puedo dar fe de lo comprometidos que están con su negocio. Confío en que van a estar igual de comprometidos con sus inversiones. ¡Éxitos! »

En ese momento, teníamos todo el dinero que necesitábamos.

La mayoría de la gente suele decir: «Primero, obtendré el dinero. Luego, haré la inversión». Yo aprendí a seguir el camino a la inversa: «Primero, encontraré la inversión, luego obtendré el dinero para hacerla».

Si deseas convertirte en un inversor, te invito hoy a empezar a buscar oportunidades con potencial, tienes que confiar en que el dinero te seguirá. Y si no sucede de inmediato, no pierdes nada y terminas ganando conocimiento y experiencia para negocios futuros.

Es una victoria por donde lo mires.

Fundamentos de mi Padre Rico: OPM
Hacer negocios con el Dinero de Otras Personas (OPM, según sus siglas en inglés) es un concepto fundamental de mi Padre Rico, como también sinónimo de un alto grado de sabiduría y educación financiera.

Al utilizar tanto la deuda buena como el OPM, puedes hacer crecer drásticamente tu retorno sobre la inversión (ROI) e incluso puedes alcanzar rendimientos infinitos.

La deuda buena es un tipo de OPM. La desventaja de la deuda es que generalmente solo puedes pedir prestado un porcentaje determinado del precio de compra de un activo.

Este porcentaje, suele ser de alrededor del 70 al 80% del precio de compra.

Debido a esta condición, tienes dos opciones al momento de identificar una inversión que valga la pena: usar tu propio dinero o recurrir al dinero de otras personas. Si estructuras bien el trato, cuanto más puedas usar el dinero de otras personas, mayor será tu rendimiento.

Mucha gente piensa que el mundo en que las personas pueden darte dinero para invertir, es un mundo de fantasía e irreal, pero ese pensamiento dista bastante de la realidad. Lo que sucede generalmente, es que la mayoría de las personas no tienen tiempo para encontrar buenas oportunidades, lo que las lleva a confiar en individuos que posean una educación financiera adecuada, el conjunto de habilidades y el impulso necesario para llevar las inversiones a cabo.

Mi asesor inmobiliario, Ken McElroy, ha perfeccionado el uso del OPM. Su compañía, MC Companies, se dedica a comprar edificios de departamentos. Ken se encarga de realizar todo el trabajo duro, de encontrar los potenciales tratos, de hacer los trámites pertinentes, de negociar con los propietarios y prestamistas y de manejar la gestión. Su manejo es tan exitoso, que las personas hacen fila con la esperanza de poder invertir junto a él.

En la actualidad, Ken hace grandes negocios que requieren un determinado tipo de inversor. No cualquiera puede invertir con Ken. En sus comienzos, optaba por pequeños negocios y con el tiempo, llegó a las increíbles inversiones a las que se dedica hoy.

En el mercado de inversiones inmobiliarias, es posible comprar propiedades con deuda. El banco otorga préstamos por el 80% del precio de compra del bien. Luego, viene la parte en la que se emplea dinero propio o el de otra persona para cubrir el 20% restante.

Mi trabajo consiste en encontrar oportunidades que permitan cubrir el pago de intereses al banco por el préstamo del 80% y al mismo tiempo, proporcionen un rendimiento digno sobre el otro 20%. Esto significa que debo encontrar personas que deseen invertir su dinero (OPM) en mi negocio.

El poder de la deuda buena
Valerme del banco para apalancar mis inversiones, se traduce en apalancamiento sobre mi capital. Entonces, nuevamente, recurriendo a los números simples: supongamos que tengo USD 100.000 y estoy buscando invertirlos en una propiedad de USD 100.000 que se alquila por alrededor de USD 800 por mes.

Puedes buscar muchas propiedades como ésta si investigas con atención, especialmente en estos tiempos.

Podría usar todo mi dinero para comprar una propiedad por USD 100.000, o podría recurrir a una deuda buena para comprar cinco propiedades de USD 100.000.

El banco me prestaría USD 80.000 por cada propiedad y yo dividiría mis USD 100.000 en cinco pagos iniciales de USD 20.000. Con un interés del 5%, el pago de los préstamos sería de alrededor de USD 500, incluyendo impuestos y seguros.

Entonces, mi flujo de ingresos en cada propiedad sería de USD 300 por mes (USD 800 en alquiler – USD 500 en pago de deudas = USD 300 por mes) para un total de USD 1.500 (USD 300 x 5 = USD 1.500) por mes, un rendimiento anual del 18%.

El poder del OPM
Sin embargo, utilizando el OPM, puedo aumentar mi rendimiento y asegurar aún más activos. Digamos que en lugar de tener que poner un 20% en cinco propiedades, puedo usar mis USD 100.000 para poner un 5% en 20 propiedades. Puedo hacer esto encontrando 20 grandes oportunidades, además de inversores para invertir en ellas.

Así es como funcionan las matemáticas.

El banco me prestaría USD 80,000 por cada propiedad, y yo dividiría mis USD 100.000 en veinte partes de USD 5.000, usando el OPM para recaudar los otros USD 15.000 necesarios que corresponde a cada propiedad. Nuevamente, con un interés del 5%, el pago de los préstamos sería de alrededor de USD 500 por mes.

Supongamos que pagaremos un poco más por el dinero de nuestros inversores y les daremos un interés del 7%. El dinero que se les debe sería un poco menos de USD 100 por mes, pero tomaremos USD 100 como cifra, para hacerlo más fácil.

Por lo tanto, nuestros costos totales serían de aproximadamente USD 600 por mes.

Eso significa que tendremos un flujo de ingreso aproximadamente de USD 200 por mes, que dividiremos con nuestros inversores 50/50. Ahorraremos USD 100 por mes, o USD 1.200 por año, y nuestros inversores desembolsarán USD 100 por mes, o USD 1.200 por año.

Sumando el rendimiento total de las 20 ofertas, es decir, un flujo de ingresos de USD 24.000 por año, un rendimiento del 24%. No solo estoy ganando un 6% más por año que si solo usara mi dinero, sino que también soy propietario de 20 activos en lugar de solo 5.

Más adelante, podría refinanciar estas propiedades, pagar a mis inversores, recuperar mi inversión y seguir recibiendo el flujo de ingresos de las 20 propiedades, lo que simboliza un rendimiento infinito.

Nuevamente, estoy recurriendo a las matemáticas simples. En la vida real, los números son un poco más complicados y mucho más grandes, pero se trata de los mismos principios. Invertir con OPM requiere de un alto nivel de educación financiera.

Pero tanto Ken McElroy como yo comenzamos poco a poco y hemos llegado a trabajar en grandes proyectos. Y tú, puedes hacer lo mismo.

Se diligente. Continúa trabajando en tu educación financiera. Trabaja duro. Y domina los fundamentos de la buena deuda y el OPM, y te volverás rico.

Saludos,

Robert Kiyosaki

¿Las notas de la escuela son las notas de hoy?

Querido lector,

A los 15 años de edad, no pasaba mi clase de lengua.

Fui reprobado porque mi ortografía era horrible y no podía escribir o, debo decir, a mi profesor de lengua no le gustaba lo que escribía. Eso significaba que tenía que repetir mi segundo año.

El dolor emocional y la vergüenza vinieron de muchos frentes. En primer lugar, mi padre era el jefe de Educación. Fue el superintendente del ramo para la isla de Hawái, a cargo de más de 40 escuelas. Hubo muchas risitas y risas en los pasillos del Departamento de Educación a medida que se corrió la voz de que el hijo del jefe era un fracaso académico.

Segundo, repetir que tendría que unirme a la clase de mi hermana menor. Esto representaba un avance para ella, y un retroceso para mí.

En tercer lugar, también significaba que no recibiría mi carta de recomendación por jugar al fútbol universitario, el deporte por el que había jugado mi corazón.

El día que recibí mi boletín de calificaciones y vi la “F” de la clase de lengua, fui detrás del edificio que albergaba el laboratorio de química para estar solo.

Me senté en la losa de hormigón frío, me puse las rodillas en el pecho, me apoyé en el edificio de madera y lloré profundamente. Ya me esperaba esta F, pero al verla en un papel, todas las emociones salieron a la superficie, de manera inesperada, incontrolable e inesperada.

Me senté solo detrás del laboratorio durante más de una hora.

Mi mejor amigo, Mike, el hijo de mi padre rico, también había recibido una F
No me sentía contento porque él también había repetido, pero fue bueno tener una compañía en ese momento.

Le hice un gesto con la mano mientras se dirigía a través del campus rumbo a su casa, pero todo lo que hizo fue sacudir la cabeza mientras seguía caminando hacia el coche que esperaba.

Por la noche les dije a mi mamá y a mi papá que yo había reprobado inglés en mi segundo año de secundaria.

Mi padre estaba muy familiarizado con la parte administrativa, porque era él quien la hacía cumplir. Mientras esperaban las noticias, la confirmación de mi fracaso todavía era una realidad difícil. Mi papá se sentó en silencio y asintió, su rostro inexpresivo. Mi madre, por otro lado, estaba teniendo muchas más dificultades con las novedades.

El secreto de mi padre rico
Mi padre rico era muy consciente de mi fracaso académico. La F de su hijo en inglés lo perturbó. Estaba agradecido de que mi padre interviniera y estableciera un programa de la escuela de verano para que recuperáramos nuestras calificaciones bajas. Ambos padres miraban el lado positivo de las cosas, y ambos tenían lecciones que podríamos obtener de esta experiencia, aunque sus lecciones eran diferentes. Hasta este punto, mi padre rico no había dicho mucho.

Creo que solo nos estaba observando a los dos para ver cómo responderíamos a nuestra situación. Ahora que había escuchado lo que estábamos pensando y sintiendo acerca de nuestro contratiempo académico, era hora de que respondiera. Tomando asiento en la habitación, mi padre rico dijo:

“Las buenas calificaciones son importantes. Que tan bien lo haces en la escuela es importante. Cuánto aprendes y cuán inteligente eres también es importante. Pero una vez que sales de la escuela, las buenas calificaciones no son tan importantes”.
Cuando lo escuché decir eso, me recliné hacia atrás en mi asiento. En mi familia, una familia en la que casi todos estaban empleados por el sistema escolar de mi padre, decir que las calificaciones no eran importantes era casi un sacrilegio. “Pero ¿qué pasa con nuestras calificaciones? Esas notas nos acompañarán por el resto de nuestras vidas”, respondí con sorpresa y un leve quejido.

Mi padre rico sacudió la cabeza y luego se inclinó, diciendo con severidad: “Miren, Mike y Robert, les contaré a ambos un gran secreto”. Mi padre rico hizo una pausa para asegurarse de que escuchábamos atentamente lo que tenía para decirnos. Luego dijo: “Mi ejecutivo bancario nunca me ha pedido mi boletín de calificaciones de la escuela”.

Ese comentario me sobresaltó. Durante meses, Mike y yo nos habíamos estado preocupando por nuestras calificaciones. En la escuela, las calificaciones son todo. Mis padres, mis parientes y nuestros amigos pensaban que las buenas calificaciones lo eran. Ahora las palabras de mi padre rico me sacaban de mi cadena de pensamiento, la cadena de pensamiento que decía que mi vida estaba arruinada por las malas calificaciones.

“¿Qué estás diciendo?”, respondí, sin entender completamente a dónde iba con esta frase.

“Me escuchaste”, dijo mi padre rico, también meciéndose en su silla. Sabía que lo habíamos escuchado, y ahora estaba dejando que lo que había dicho se asentara.

“¿Tu banquero nunca te ha pedido tu boleta de calificaciones?”, repetí en voz baja. “¿Estás diciendo que las calificaciones no son importantes?”.

“¿Dije eso?”, preguntó mi padre rico con sarcasmo. “¿Dije que las calificaciones no son importantes?”.

“No”, respondí tímidamente. “No dijiste eso”.

“Entonces, ¿qué dije?”, Preguntó.

“Dijiste: ‘Mi banquero nunca me ha pedido mi boletín de calificaciones’”.

Para mí fue difícil decirlo porque en mi familia de educadores, las buenas calificaciones, los resultados de exámenes y un buen boletín de calificaciones significaban todo.

“Entonces, ¿qué es lo que pide?”, mi padre rico nos preguntó.

“Te pide tus estados financieros”, Mike respondió en voz baja. “Él siempre pide sus estados financieros actualizados. Quiere ver sus estados de pérdidas y ganancias y sus hojas de balance”.

Tu informe de calificaciones de la vida real
Recibir una calificación reprobatoria en inglés a los 15 años resultó ser una experiencia valiosa para mí.

Me di cuenta de que había desarrollado una mala actitud hacia la escuela y mis estudios. Esa nota deficiente fue un llamado de atención para que yo hiciera correcciones en mi actitud y en mis hábitos de estudio. También me di cuenta temprano en la vida que, si bien las calificaciones son importantes en la escuela, los estados financieros serían mi boletín de calificaciones una vez que la dejara.

Mi padre rico me dijo:

“En la escuela, los estudiantes reciben las calificaciones una vez por trimestre. Si un niño tiene problemas, al menos tiene tiempo de hacer las correcciones adecuadas si así lo desea. En la vida real, la mayoría de los adultos nunca recibe un informe financiero trimestral, por lo que muchas personas atraviesan problemas financieros.

“Muchos adultos realmente no miran su situación financiera hasta que pierden su trabajo, tienen un accidente, piensan en la jubilación o hasta que es demasiado tarde.

“Debido a que la mayoría de los adultos no tienen un informe de calificaciones financieras trimestral, muchos adultos no hacen las correcciones financieras necesarias para llevar una vida financieramente segura. Pueden tener un trabajo bien remunerado, una casa grande, un buen auto, y estar bien en el trabajo, pero tienen calificaciones financieras bajas.

“Muchos estudiantes inteligentes que obtuvieron buenas calificaciones en la escuela podrían pasar su vida obteniendo bajas calificaciones financieras. Ese es el precio de no tener una boleta de calificaciones financiera al menos una vez por trimestre.

“Personalmente, lo que yo quiero es ver mi estado financiero para saber dónde me va bien, dónde me va mal y qué debo mejorar”.

Juega inteligente,

Robert Kiyosaki

No confíes en tu banco: aquí el porqué

Querido lector,

Cuando era niño, recuerdo que una vez mis padres me llevaron al banco local para abrir una cuenta de ahorros. En ese momento, llevaba conmigo un pequeño libro de contabilidad. Cada vez que hacía un depósito, lo anotábamos en mi libro de contabilidad con la fecha, así como los ahorros totales. Recuerdo que los banqueros eran muy amables, y sentí que estaban de mi lado.

En la actualidad, a los bancos aún les encanta ayudar a los padres a abrir cuentas. Incluso te ofrecen “regalos” como la exención de la cuota de mantenimiento de las cuentas por debajo de un umbral mínimo para mantener el dinero de los niños en sus arcas. Algunos bancos incluso tienen programas enteros creados para atraer a los niños a abrir cuentas.

¿Por qué? Porque cuando comienzas joven, puedes entrenarlos desde jóvenes.

Los bancos trabajan muy duro para formar una persona buena. Pero la realidad es que, más que tus amigos, son más como sanguijuelas codiciosas.

Como cobran por casi todo lo relacionado con ellos para hacer dinero con tu dinero, también se benefician mucho al venderte productos financieros.

Y cuando la presión para vender esos productos se vuelve demasiado fuerte, a la persona común le pasan cosas malas.

Te voy a contar una historia…

La historia de Wells Fargo & Co.
En marzo de este año el banco Wells Fargo anunció la renuncia de Tim Sloan como CEO de la entidad, convirtiéndose en el segundo CEO en poco tiempo que abandona el banco en medio de un escándalo de gran alcance en torno a prácticas de ventas.

La medida equivalió a una admisión de que la junta había cometido un error hace tres años al designar a otra persona con información privilegiada luego de que el CEO anterior, John Stumpf, renunciara luego de las revelaciones de que Wells Fargo había abierto potencialmente millones de cuentas de clientes no autorizados (antes de convertirse en CEO, Sloan se desempeñó como director de operaciones y jefe de la banca mayorista).

Para refrescar tu memoria, Wells Fargo se sometió a un escrutinio después de que se haya revelado que “sujeto a objetivos de ventas agresivas, es posible que unos dos millones de cuentas abiertas por trabajadores de Wells Fargo pueden haber sido no autorizadas, creadas sin el conocimiento de los clientes y, a menudo, acumulando tarifas u otros cargos”, según informó la Oficina de Protección Financiera del Consumidor.

“Una investigación realizada por Los Angeles Times sobre las prácticas de ventas en 2013 informó que los gerentes de las sucursales tenían que comprometerse con el 120 por ciento de las cifras diarias y que los cajeros tenían que generar al menos 100 ventas de servicios financieros por trimestre. Los objetivos agresivos de ventas son frecuentemente citados en comentarios de empleados anónimos en Glassdoor.com, un sitio web sobre carreras».

Podrías pensar que esto es un incidente aislado. Pero estos no son estándares comerciales poco comunes para los grandes bancos.

Jim Pearce, un veterano de 30 años en la industria bancaria, escribió en 2016 para Investing Daily:

«La magnitud de la malversación fue impresionante, pero no me sorprendió que ocurriera, dado lo frecuente que ha sido esta forma de compensación en todo el proceso del sector bancario.

«Pasé más de la mitad de mis 30 años de carrera trabajando en los departamentos de inversión de varios bancos, cada uno de los cuales presionó a su personal de sucursales de manera similar a Wells para vender préstamos, tarjetas de crédito y otros productos de alto margen».

«En todos estos casos, el equipo directivo superior sabía, o debería haber sabido, sobre el problema mucho antes de que los reguladores impusieran multas y otras sanciones».

En marzo de 2018, la Reserva Federal de Estados Unidos impuso un límite de activos sin precedentes en Wells Fargo, impidiéndole aumentar su balance hasta que mejorara los controles de gestión de riesgos.

Wells Fargo ha dicho que espera operar bajo el límite…

Cómo enfrentar a la banca
Por supuesto, nada de esto debería ser una noticia sorprendente para aquellos que han prestado atención a la industria bancaria durante la última década o más.

He escrito mucho sobre otros escándalos bancarios, como Barclays manipulando LIBRO en 2012.

Como escribí en ese entonces, “Barclays ha tratado de barrer este incidente bajo la alfombra estableciendo con las autoridades británicas y estadounidenses la suma de USD 453 millones. Pero este escándalo está creciendo”. Por supuesto, hoy en día, sería difícil si la persona promedio lo recordara o incluso supiera de esto.

Lo más probable es que la gente se olvide de este escándalo de Wells Fargo dentro de los próximos cuatro años.

Todo esto no debería ser una sorpresa.

El dinero ha desenmascarado a los bancos por lo que son: instituciones codiciosas que harán cualquier cosa para obtener más de tu dinero, incluso mentir, engañar y robar.

Sin embargo, miles de millones de personas les entregan su dinero cada día.

Un cuchillo en tu espalda
Me recuerda a la famosa frase de “Julio César” de Shakespeare. Mientras César es apuñalado por el Senado romano, mira a su «amigo» Bruto y le dice: «¿Eh, tu también, Bruto?»

Entonces, ¿cuál es la moraleja de la historia?

Los bancos nunca han tenido como, y nunca tendrán, lo que es mejor para ti como su objetivo principal, pero quieren que pienses que sí. Quieren que creas que son tus amigos. Basta con echar un vistazo a su publicidad.

Más bien, son instituciones hechas para vender productos financieros como préstamos, tarjetas de crédito, fondos mutuos y más. Sus asesores financieros no son asesores en absoluto. Son vendedores. Y como Bruto, te apuñalarán por la espalda en cuanto tengan la oportunidad de hacerlo.

El dinero puede no ser todo, pero es importante. La integridad, por otro lado, lo es todo. Y el dinero es un gran barómetro de la integridad de las personas.

Cuando hay mucho dinero en juego, la gente comenzará a hacer cosas inesperadas. El dinero a menudo revela quiénes somos realmente.

Cuando se trata de saber cómo funciona el dinero, es importante tener una excelente educación financiera para que puedas comprender su mecánica y cómo hacer que sea él el que trabaja para ti.

Hoy, más que nunca, vale la pena saber que las tarjetas financieras a menudo se acumulan en tu contra. Porque saber cómo jugar el puego puede cambiar el resultado.

Debes aumentar tu inteligencia financiera. Si no lo haces, perderás.

Nunca, nunca olvides que los bancos no son tus amigos.

Saludos,

Robert Kiyosaki

La verdadera riqueza no está en el efectivo: está acá

Querido lector,

Hace unos años, mi hermano y su esposa tuvieron un bebé.

Me preguntaron si estría dispuesto a abrir un plan de ahorro para la educación universitaria de su hijo. Y estaba muy contento de ayudarlos, pero quería estar seguro de que no perdería mi dinero.

Entonces pregunté por el plan.

“Sé que no te gustará”, me dijo mi hermano.

«¿Por qué?», le pregunté.

“Debido a que solo puede invertir en fondos mutuos”.

“Gracias”, le dije. “Encontraré otra cosa”.

Gracias a Dios no abrí esa cuenta. Habría perdido más del 40% del dinero para mi sobrino durante la crisis del mercado de 2007.

Y esto pasa porque hay dos juegos en marcha cuando se trata del mercado de valores: un juego es para inversores a largo plazo en acciones, bonos y fondos mutuos (los peces), y el otro es para inversores a corto plazo como administradores de fondos de cobertura y operadores profesionales (los tiburones).

Incluso si el mercado no se hubiera estrellado, jamás habría invertido en un plan como ese.Porque los fondos mutuos terminan sacándole el dinero a inversores poco sofisticados a través de comisiones y gastos.

Los fondos mutuos son simplemente una inversión no inteligente diseñada para ignorantes financieros.

“Perder” USD 4 millones
Cuando mi libro Padre RicoPadre Pobre despegó y se transformó en un bestseller, una importante compañía de fondos mutuos me pidió que fuera el rostro de una campaña publicitaria suya. La compañía me ofreció USD 4 millones durante cuatro años por mi respaldo.

Sin embargo, rechacé la tentadora oferta.

Entre las razones por las que lo rechacé estaba el hecho de que no deseaba promocionar un producto en el que no creía. Además, aunque hubiera sido bueno tenerlo,no necesitaba su dinero. De a poco te iré mostrando que ganar USD 4 millones no es tan difícil si tienes una educación financiera sólida.

Sabía que mi verdadera riqueza estaba en mi conocimiento financiero, no en recibir dinero en efectivo. Sabía que podía ganar esos USD 4 millones y más utilizando mi inteligencia y los negocios en los que creía. Rechazar USD 4 millones fue difícil, pero vender mi alma no valía la pena.

Como advertencia, no estoy en contra del concepto de fondos mutuos. De lo que sí estoy en contra es de los altos cargos y los gastos ocultos con que los fondos mutuos roban a los inversores su dinero. Además de eso, hay miles de fondos mutuos, pero menos del 30% de ellos logran superaral S&P 500.

En otras palabras, todo lo que tienes que hacer es invertir en un ETF que siga al S&P 500 y con eso ya le ganarás a más del 70% de todos los administradores de fondos mutuos, pagando mucho menos en comisiones y cargos.

Como he dicho en el pasado, los fondos mutuos son generalmente para inversores promedio o por debajo del promedio, los estudiantes C en el mundo de la inteligencia financiera. Los inversores de los niveles A y B no los necesitan.

El robo de tus ahorros
Antes de 1974, la mayoría de las empresas de Estados Unidos pagaban ellas las pensiones de sus trabajadores. Sin embargo, una reforma les permitió alentarlos a ir hacia el mercado de valores, delegando esa responsabilidad.

Esta fue una de las razones por las que el mercado de valores marcó un auge en la década de 1970, dando nacimiento a una nueva profesión conocida como planificación financiera…

Ahora, una razón por la cual muchas personas pierden tanto dinero en malas inversiones es porque en nuestras escuelas no nos enseñan ni siquiera los conceptos básicos de la educación financiera. Y esta falta de educación financiera lleva a una mala interpretación del lenguaje del dinero.

Por ejemplo, cuando un planificador financiero te recomienda invertir a largo plazo, un inversor sofisticado cuestionaría la definición de largo plazo. Como Einstein descubrió, todo es relativo.

Como regla general, los traders son inversores a muy corto plazo. Para un tradera corto plazo, invertir a largo plazo puede significar un día, o incluso una hora. Los traders entran y salen del mercado, a menudo aprovechando las ganancias de los inversores que ahorran para un retiro seguro o la educación universitaria de sus hijos.

En lugar de usar las palabras “a largo plazo”, un inversor sofisticado usaría las palabras “estrategia de salida”. Un inversor inteligente sabe que no se trata de cuánto tiempo retiene una inversión, sino de cómo planeas aumentar tu riqueza con esa inversión durante un período determinado de tiempo.

Si sabes qué es lo que está haciendo tu dinero, dónde está actualmente y hacia dónde va en el futuro, puedes controlar tus inversiones, lo que equivale a controlar tus ingresos.

Todo lo que se necesita es esfuerzo y la voluntad de hacer. Eso es realmente todo lo que necesitas para hacerte rico.

¡Tienes las herramientas, úsalas!

Saludos,

Robert Kiyosaki